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La magia se contagia y hace desaparecer todos los males

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Que vivan la vida y lo vegano... ¡que Viva Burger!

Si habéis salido el pasado fin de semana de aperitivo o tardeo, lo habréis notado. Teníamos ganas de compartir, de reunirnos bajo el sol, de disfrutar, siempre con las debidas medidas de seguridad, del placer de compartir. Un divertido rato, una buena charla o una extraordinaria mesa. Y paseando por Latina por uno de sus rincones más reconocibles, la Constanilla de San Andrés, uno repara en un discreto local que en el nombre de lo vegano no sacrifica sabor, ni presentación, ni el carácter apetecible y atractivo de otras cartas. Todo ello en un interior lleno hasta donde le permiten las limitaciones actuales y una terraza en la que las reservas pugnaban por la mesa donde el caprichoso sol proyectase sus rayos. Ambiente y local idílicos, cocina vegana sin trampantojos y mostrando que lo vegetal también es sabroso y divertido y un servicio ágil y cercano rematan uno de los locales de este segmento más recomendables de todo Madrid: el restaurante Viva Burger.

Restaurante Urumea: Vuelven las cenas y lo celebramos con un metro de cachopo

Vuelven las cenas "a la española". Porque una velada en la que el restaurante cerraba a las 9 de la noche podía ser muchas cosas pero, desde luego, no una velada patria. Siempre anteponiendo la cultura y la seguridad por supuesto, nos echamos a la calle en busca de una propuesta que dé réplica a la emoción de que la hostelería tenga un respiro. De la posibilidad de recuperar entre un 25 y un 50% la facturación que cayó por culpa de las limitaciones, éstas debido al maldito bicho. De que podamos reunirnos en torno a una mesa en una estampa con mascarillas y otros invitados como geles hidroalcohólicos, pero que en esencia nos permite volver a aquello que más echamos de menos: compartir y departir. Y topamos con el restuarante Urumea, donde Tito y el resto del estupendo servicio proponen día tras día una cocina asturiana con un intenso sabor no tan típico pero que, para la ocasión, han estirado al máximo uno de sus platos estrella: el cachopo de un metro. Éste es el cebo elegido

Film Symphony Orchestra: Pon banda sonora a tu vida (así fue Hollylove)

Podríamos dejaros un puñado de enlaces de las ocasiones que hemos mencionado o recomendado a la Film Symphony Orchestra, pero Google nos penalizaría por extensión de la reseña. Porque la FSO de Constantino Martínez-Orts no es una sucesión de melodías, ni un buen rato escuchando música interpretada con maestría, es todo eso y el añadido del recorrido guiado del director por la historia del cine que, sin música, poco se entendería o, parafraseando a Nietszche, sería un tremendo error. Una vez más os insistimos en que mañana o los próximos 24 de febrero o 27 de marzo vayáis al Auditorio Nacional para degustar uno de esos planes que has de disfrutar al menos una vez en la vida. Y lo hacemos por la maravilla que fue Hollylove.