lunes, 12 de mayo de 2014

Lanzarote: La tierra es el paraíso y el fuego su creador

turismo-lanzarote-timanfaya-manrique-visitar-guiaQuerido lector, si eres de los que entienden por viajar ir a un lugar, echar cuatro fotos y volverte a casa, no sigas leyendo. Para el resto, os traigo una nueva entrega de mi segunda región favorita de España, después de Madrid: Islas Canarias (ver la reseña de Fuerteventura y Tenerife). Su exclusivo origen volcánico ya le otorga un valor añadido sobre otros destinos, pero cuando echamos un vistazo isla por isla y encontramos tantas cosas por ver y hacer, no podemos sino caer rendidos a su gente, sus lugares, sus puestas de sol, playas, monumentos... Definitivamente, en Canarias es una hora menos para que el peninsular tenga 60 minutos más en el día para disfrutar de cualquiera de sus islas. Poco me parece para degustar uno de los rincones más maravillosos del mundo: Lanzarote.

Lanzarote Día 1: Tierra

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La Casa-Monumento campesino es un coqueto
rinconcito de la isla.
Que su nombre aluda a uno de los caballeros de Arturo le hace un guiño al mundo anglosajón, pero lo cierto es que la figura más importante de la isla es nativa de Arrecife, la capital. César Manrique es el responsable de la exquisita integración de cada monumento y centro turístico en las rocas volcánicas de la isla, respetando al máximo el paisaje sobre le que se asientan, ensalzando la naturaleza e incluso a quienes tradicionalmente habitaron la isla. Por eso el Monumento del Campesino es quizá el cruce de caminos de todo visitante a la isla, porque en él confluyen y de él parten numerosas rutas por su céntrica posición, porque con una exploración de sus instalaciones entendemos cómo vivían y trabajaban en Lanzarote hasta nuestros días. Diferentes salas con placas que las catalogan -se echa en falta un panel explicativo, eso sí- adelantan lo que veremos dentro pero, en conjunto, el lugar aúna la blancura, arquitectura y espíritu de la isla. Es un monumento a la tierra pero, sobre todo, a sus gentes: es el Monumento del Campesino.

El Monumento al Campesino
se eleva en un cruce de caminos.
Empiezo directo con uno de los atractivos turísticos porque la cuestión logística la trataré en el siguiente volumen (alojamiento, transporte, comidas, tiendas, etcétera) y además, sin duda es un buen punto de partida para el primer día. Entendedme, mi filosofía es exprimir al máximo lo que ofrece la isla: y Lanzarote, aunque no cuente con las mejores playas de las Canarias (honor reservado a Fuerteventura) invita a compaginar en un mismo día playa con visitas. Conocimiento y relax. Exploración y descanso. Por eso, y mapa en mano (no os preocupéis, es sencillísimo desplazarse en coche alquilado por la isla) de ahí podemos dirigirnos a Caleta de Famara para echar el resto de la mañana en una de las playas de arena más recomendables. 
De todos los tamaños y colores. ¿Cuál es
tu favorito?

Tras comer en uno de los numerosos restaurantes del pueblo, al este nos espera el Jardín de Cactus, un vasto terreno incrustado en Guatiza que acoge más de 1.000 especias y 7.000 ejemplares de cactáceas. Manrique corona el recinto con un molino que merece un rápido vistazo a su maquinaria interna, y a la panorámica que nos ofrece del jardín desde el punto en el que está ubicado. Si hubiera llevado el portátil encima en ese momento, no imagino mejor fuente de inspiración que sentarte a los pies del molino contemplando las variopintas plantas separadas por volcánicos senderos. 


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Más de 1.000 especies y 4.000 ejemplares
pueblan el magnífico jardín.
Es un auténtico placer pasear por el jardín ya que no encontrarás dispuestos de manera seguida dos cactus iguales, a la par que es interesante aprender a medida que los vamos conociendo las diferencias entre los de Madagascar y los americanos, por ejemplo. Un par de lagunas con pequeños nenúfares descongestionan los caminos atestados de plantas y, como digo, premian al viajero con trazados casi naturales repletos de interesante flora. Muy llamativa resulta siempre la entrada a los baños, ya descubrirás por qué.

Rematar el día con una visita al paseo marítimo de la capital, Arrecife, nos hará detenernos ante un castillo cuyo camino le gana terreno al mar: es el de San José, otrora fortaleza militar venido a Museo Internacional de Arte Contemporáneo. Aunque no soy muy amante yo del arte moderno, reconozco que adentrarse en él es sumergirse en nuevos e inexplorados conceptos con sorpresa: Manrique también está presente aquí. Menudo genio.

Este día bien podría ser el primero o el último de tu visita, no pretendo esbozar un organigrama estricto sino recomendaciones por días: por ejemplo, del que ahora hablaré, el segundo día está dedicado al Timanfaya (centro-oeste de la isla) y Playa Blanca sur), mientras que en la última jornada hacemos como las brújulas, miramos la Norte.

Lanzarote Día 2: Fuego, agua y viento

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El tour en autobús deja imágenes como ésta.
Madruga, pues el Dios del fuego te ayudará. El Parque Nacional de Timanfaya es de lejos la visita más codiciado de cuantos aterrizan en la isla, y por ello si estás allí a las 9:30 (la visita te llevará unas dos horas) te toparás con unos cuantos avispados como tú pero nada molesto ni para fotografías ni para la visita. Nada más cruzar la garita de seguridad te toparás con un letrero que merece la fotografía -aún no lo he dicho, pero todos los monumentos lanzaroteños poseen uno diferente y que resume lo que encontrarás dentro-. 

A medida que avances te percatarás de la magnitud de las erupciones que han tenido lugar en los siglos XVIII y XIX (el de 1824 fue memorable) y su innegable influencia en la nueva configuración del paisaje. A la izquierda dejarás la Ruta de Camellos, donde por 12 euros la pareja podéis dar una vuelta de unos 30 minutos por un paraje natural inigualable. Personalmente reniego de ello pues seguramente estén preparados, pero me da un coraje extremo observar a los camellos soportando tanto peso. Al fin alcanzarás el Islote de Hilario, en el que hay un par de curiosas demostraciones cada 5 minutos sobre el poder del magma residual subterráneo y lo más interesante: una ruta en autocar por 14 kilómetros de dunas y crácteres en los que una grabación explicará pormenores de la isla y las erupciones. Hazme caso: déjate llevar y disfruta de lo que tus ojos verán. Aun yendo en el autobús eres capaz de percibir la paz, calma y sosiego que transmite un paisaje que antaño fue todo lo contrario, terror y agitación al sucumbir pueblos enteros a toneladas de lava.
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Si te recomiendo acudir temprano no es sólo por evitar los centenares de turistas que verás llegar cuando tú te marches: es porque se trata de un lugar que merece meditación, reflexión y observación. El viento es una constante así que no olvides una manga larga, al menos para el torso. Un secreto: si caminas hasta el extremo del nivel en el que hacen la demostración de los géiseres, te olvidarás del viento y el posible frío: una de las calderas naturales con el calor que emana de lo más profundo de la tierra te calentará toda vez que permitirá contemplar una imponente vista. Tanto fuego merece playa, y en el pueblo de Playa Blanca nos espera la más recomendable: Papagayo. Antes sin embargo nos desviaremos hasta en dos ocasiones en nuestro descenso a la punta sur de la isla: El Golfo y Los Hervideros.

Toparemos primero con estos segundos, no sin antes atender a los más de 400.000 metros cuadrados de las Salinas de Janubio desde uno de los miradores. YUn estrecho camino diseñado de nuevo por Manrique que conduce sin embargo a una majestuosa estampa en la que la lava y el agua han batallado con enfriamiento y erosión por moldear el paisaje a su gusto. Los Hervideros son múltiples aliviaderos a los que podemos asomarnos para ver cómo rompen las olas con el más grande y primero que nos encontramos como principal. Con precaución y sin prisas asistiremos al espectáculo que el oleaje nos brinda al chocar con la lava solidificada.
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Los Hervideros son el resultado de una encarnizada lucha de la naturaleza consigo misma.

Siguiendo hacia el sur trazando la parte occidental de la isla se encuentra el municipio de El Golfo, en cuya entrada existe un aparcamiento de tierra perfecto para dejar el vehículo antes de tomar el camino salvaguardado por cuerdas. Al final del mismo daremos con la curiosa "Laguna de los Clicos", un lago verde separado del mar por una relativamente extensa superficie volcánica. 
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La curiosa 'Laguna de los clicos' contrasta con
el mar y la tierra volcánica.
No en vano, lo que se encuentra ante nosotros una vez alcanzamos el extremo del sendero es parte de un cráter -podemos imaginar el resto haciendo una revisión panorámica-. También puedes descender y observar de cerca las aguas eternamente verdes gracias al fitoplancton de sus profundidades, además de aguas perpetuas debido a la filtración del mar.

Por fin llegaremos a Playa Blanca, municipio en el que tienes de todo pero que, dirigiéndonos siempre al este, nos reserva su lado más encantador: el Monumento Natural de los Ajaches cobra por entrar a sus más de 2 kilómetros de playas -escudándose en el espacio protegido- pero, la verdad, 3 euros merece la pena para que conserven semejante paraje tal cual está. Da igual si Papagayo o Playa Mujeres, todas recompensan al agotado viajero con las arenas más claras de la isla y recónditas calas que, si el viento lo permite, embriagan hasta al más estresado. Eso sí, si el Dios Eolo sopla, acude cuanto antes mejor pues a partir de las 6 y media de la tarde aproximadamente será todo un desafío permanecer allí.
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Punta Papagayo es un estupendo lugar donde reposar tras una jornada de turismo.

Lanzarote día 3: Subterráneo y estratosférico

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Letreros como este están a las puertas
de cada monumento.
Llegados a este punto, además de morenazos (¡no olvides protegerte!) y conquistados por la isla, hemos de percatarnos que nos habremos enamorado de la superficie de la isla. Falta adentrarse en sus entrañas, y para ello paradójicamente nos dirigiremos arriba (sobre el mapa), vamos, al Norte. Allí a la derecha estará Jameos del Agua y a la izquierda la Cueva de los Verdes, ambas conectadas de manera subterránea por un gigantesco tubo volcánico. "Jameo" alude a las aberturas que posee el monumento una vez comenzamos su exploración, hasta tres en la parte del tubo más pegada al Monte Corona. 


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Te parecerá estar en una postal
de ensueño.
Además del diminuto cangrejo blanco autóctono del singular monumento, hallamos un lago y una estupenda instantánea contemplativa en la que te sorprenderás susurrando para no romper la magia. Cuando el restaurante, el recorrido a orillas del lago y la pista natural de baile parecen haber colmado tus expectativas, el ascenso por el tercer jameo nos descubre una postal. Sin más. Palmera, piscina y pequeñas formaciones rocosas se dan cita en el punto más paradisíaco de toda la isla. Aquí la mano del hombre es más palpable, pero se trata de una mano tan delicada que bien podría haber sido la de la Madre naturaleza, y no la de -una vez más- César Manrique.

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Ni estalactitas ni estalagmitas: el volcán
sólo deja estafilitos tras de sí.
La Cueva de los Verdes, a escasos metros, nos muestra el alma de Lanzarote: una de las grutas horadadas en su día por la lava y después protegida por la solidificación de ésta en la superficie. La ruta cuenta con un guía de explicaciones plagadas de historia, anécdotas y dinamismo. En este aparatado he de aprovechar para alabar el trabajo de "Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote", pues facilitan al viajero la completa exploración de Lanzarote por múltiples vías. En su web uno encuentra toda la información posible monumento por monumento, una historia general de la isla, playas, alojamientos... y todo ello hecho con el máximo criterio posible y sin agotar al lector, es más, se trata de una lectura ágil y ligera.Los empleados de cada uno de los monumentos son serviciales, profesionales y amables; he topado con más de un sitio en el que era imposible encontrar este triángulo de virtudes. Y, por si fuera poco, han empezado a incluir guías en MP3 para descargarlas y completar la experiencia Lanzarote escuchando a la vez que vemos: ejemplo de ello es nuestro último monumento, el Mirador del Río, en el que hasta 5 pistas describen los pormenores del edificio.

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La vista que ofrece el Mirador del Río es inigualable.
Por ello me limitaré a deciros que su privilegiada ubicación en el extremo septentrional de la isla, unido a su altura deriva en una vista panorámica de 360 grados de Lanzarote en la que uno puede sonreír al adivinar a lo lejos zonas que visitó días atrás; congratularse de haberla elegido como destino pues he aquí una imponente razón para hacerlo; entregarse al viaje que ofrecen las instalaciones -que imitan a la proa de un barco- alimentando el conquistador que llevamos dentro navegando hacia el horizonte. No se me ocurre mejor manera de finiquitar nuestra aventura, tampoco de empezarla ni de continuarla. De hecho ya poco más viene a mi cabeza, de nuevo pensando en lo que vi, de nuevo deseando volverlo a ver. 60 minutos son lo único que le falta a Lanzarote.

Agradecimientos a Centros de Arte, Cultura y Turismo y al Cabildo de Lanzarote por su plena y total disposición a facilitarnos el acceso a los monumentos y atractivos turísticos de la isla. De igual manera, gracias a cada uno de los empleados por su ayuda y diligencia con respecto de nuestras labores periodísticas.

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- Siéntate en Jameos del Agua, vayas solo o acompañado. Disfruta.
- Contempla sin prisas la vasta extensión de las Montañas de Fuego.
- Aunque no es su punto fuerte, las playas de Lanzarote (en especial las del complejo de Ajaches) dan un encantador respiro al viajero.

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- Toda la información logística del viaje en Lanzarote II: Cómo llegar y dónde dormir, comer y comprar.


Jesús Clemente Rubio