Poco más que añadir al título, mucho que decir a la hora de desarrollarlo. Caracola nació de un par de mentes pensantes y manos currantes en esto de la hostelería que, habiendo pasado y triunfado con su local de comida preparada, se anticiparon al cambio radical que se produjo entre la fiel clientela que tenían en la zona. Se percataron de que la gente lo que ahora quiere es entrar casi a cualquier hora de la mañana e incluso de la sobremesa a un local y tener un abanico de opciones dulces y saladas tipo brunch. Un "brunch all-day" que tanto se estila en Estados Unidos y que en Europa comienza a ser tendencia. Aquí no es todo el día, sino hasta las 5 de la tarde, pero ciertamente podrás sentarte desde su apertura hasta dicha hora y no pedir más, vistas las generosas raciones, una variedad notable pese a una carta recogida y una calidad de ingredientes e intensidad de sabores más que plausible. De remate, el precio; resulta más caro comprarte un aguacate en el mercado que pedirte aquí una tosta con el fruto acompañado de salmón.
Seguro que nos recordáis soñando con un Cookies and Beacon en Madrid... ese concepto de brunch todo el día que no nació así sino al amparo del éxito cosechado por sus crumble cookies. O galletas rellenas (MUY rellenas) de sabores de todos los colores y extraordinarias. Sirva el ejemplo para apuntar a Caracola, donde su santo y seña fueron las tartas de queso, después la tortilla y esa era su propuesta: tortilla y tartas de queso.
Como imaginaréis, ambas son exquisitas; la tortilla viene bien cargadita de huevos y además pedimos la modalidad con trufa y, lejos de permitir a ésta devorar el sabor de la patata que nuestro cerebro espera, alcanza un perfecto equilibrio. Lo mismo ocurre en el caso de las tartas de queso; la clásica está espectacular, y ahí nos habríamos quedado reticentes de añadir sabores...pero es que da igual si con oreo o Kinder, de nuevo la correcta proporción de cada ingrediente deriva en una textura siempre perfecta -cremosa pero sin caer en las capas casi líquidas que encontramos en otros locales- y sabores reconocibles sin saturar al paladar. ¡Incluso la castiza que lanzaron por San Isidro, con las empalagosas violetas, nos resultó ligera y adictiva!
Claro que aquí hablamos de un brunch CASI todo el día, hasta las 5 de la tarde, y en ese apartado es donde nos preguntábamos si respondería bien Caracola. Echad un vistazo a la foto... os garantizo que así luce, así sabe. Bien cargada de salmón y aguacate, acompañada de tomatitos y, en definitiva, una de esas tostas perfectas para abrir boca antes de lanzarnos a por las cookies. Ojo que hasta el clásico bikini de jamón y queso sabe de otra manera, debido a que aquí todo es casero, hasta el pan brioche.
Sobre las galletas, qué deciros que tampoco exprese la fotografía. Al tacto son perfectas, casi crujientes, pero es que apenas las abres con las manos o con cuchara -cosa que recomendamos- y su interior responde a tu comanda con abundante cantidad de la opción elegida -como chocolate con avellana, chocolate blanco, kinder, etc.- te percatas de que has elegido bien. Eso sí, no comas con los ojos, son contundentes porque la masa es bastante dulce y una será más que suficiente si es que tuviste un pase salado previo.
Rapidez en el servicio, local minimalista y tan recogido como su carta, variedad y buen tino golosos y geniales referencias saladas y, por supuesto, opciones para llevar y convencer a tu gente de que no exageras, y que esas cookies tan ricas que has comido en un lugar de Madrid son eso, deliciosas. El brunch de Caracola es, probablemente y como ocurre con los sabores combinados de sus productos, el más equilibrado de Madrid.
Más información enhttps://www.caracolamadrid.es/
Jesús Clemente Rubio
%20Restaurante%20Caracola.jpg)
%20Restaurante%20Caracola.jpg)
%20Restaurante%20Caracola.jpg)
%20Restaurante%20Caracola.jpg)
%20Restaurante%20Caracola.jpg)
%20Restaurante%20Caracola.jpg)
%20Restaurante%20Caracola.jpg)