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Casa Toro, la taberna del siglo XXI que cocina tradición y baila flamenco


Termina otra tarde taurina para el recuerdo. Y ahí empieza lo bueno. Bien es sabido que la Plaza de las Ventas y su entorno se han convertido en el nuevo lugar donde ver y dejarse ver no sólo en días de faena, sino en cualquier otro que invite a salir y comenzar una noche que se antoja larga. Sois un grupo de amigos, oteáis los bares al otro lado de la carretera que rodea el hogar de la tauromaquia y topáis precisamente con eso, con la que se autodefine como Casa Toro. Basta asomarse al interior para darse cuenta de que todo el grupo quedará satisfecho: los que buscan tradición, los que huyen de quienes confunden esa tradición con un bar de batalla, de palillo en boca, servilleta en suelo y olor a fritanga, y los que quieren algo más que comer...también bailar con música en directo. La taberna de siempre, respetuosa con las centenarias de Madrid, pero sabiendo introducir la debida vuelta de tuerca no sólo con la música en vivo sino también en carta y preparaciones. Aquí se cocina tradición, se baila flamenco y se pasa bien con la comida no como excusa, sino como eje de la velada. 

Plausible en primer lugar el espacio, amplio, no recargado pero sí ornamentado con suficientes elementos identificativos propios de una taberna, desde las incrustaciones amaderadas hasta las enormes botellas de vino con hileras de copas dispuestas con toda la intención, jamones, grifos de cerveza y un enorme mural "Casa Toro" presidiendo el salón principal. Mesas bajas, altas y, claro, barra, la que no puede faltar en todo local que se autodenomine taberna. Como tampoco pueden hacerlo las gildas o la ensaladilla rusa con gambas al ajillo en su carta. Son dos de las especialidades, uno de los muchos apartados que encontraremos en ella.


De los clásicos huevos rotos, croquetas y oreja con bravas saltamos a las coquinas, cuántas ganas teníamos de este molusco y cuánto nos resarcimos con una ración generosa y de materia prima deliciosa. El lomo bajo de vaca, la parte trasera del costillar, de las más deseadas, puedes imaginar por qué la elegimos. Aunque también lo hicimos por las diferentes cantidades disponibles, en nuestro caso optamos por 400 gramos para poder alternar con las mencionadas referencias y otras varias. Véanse la ensalada de tomate, simple y eficaz cuando el producto es bueno y la gamba blanca, exquisita. En el capítulo de mano maestra en los clásicos y sencillos, añádase nuevamente tomate, aceite, ajo y sal para un salmorejo que sigue echando de menos nuestro paladar. 


Una cremosa y adictiva tarta de pistacho y, por supuesto, una algo más contundente pero de suave textura torrija bien podrían haber cerrado una noche que aquí, cuando uno llega a los últimos compases de la cena, no hace sino comenzar. 

Por delante quedan horas -hasta las 2 de la mañana- de música en vivo, algarabía y esas ganas de comer y vivir que siempre han infundido las tabernas madrileñas. Y Casa Toro cayó de pie hace ya año y medio, claro que las casualidades no existen y la suerte se la busca uno. Y César lleva empapándose del mundo taurino y hostelero tantos años como arrojo le echaron él y su socio Sergio para apostar por un plaza siempre difícil, Las Ventas. 

Si es que para emprender hoy día en este país hay que ser un buen torero. 

Más información en https://www.casatoro.es/

Tamara García Martín y Jesús Clemente Rubio