Por supuesto que hay otras opciones, muchas opciones, para que los niños salgan de las pantallas y de lo que nos están inculcando como casi únicos elementos de diversión y entretenimiento. Hablamos de Micropolix. Hablamos de esa ciudad donde los niños "se piden" ser adultos y donde los adultos disfrutan como niños al ver a los suyos gozar de distintas profesiones mientras aprenden, adquieren valores o consolidan aquellos que han recibido en casa.
Bienvenidos a un mundo gigantesco para los más pequeños. Su primer paso en el mundo real, pero con la debida dosis de entretenimiento, diversión e inocencia.
Apenas llegamos, nos percatamos del gran día, de la gran jornada que nos espera. Y lo hacemos porque vemos a numerosas personas ataviadas de rojo, que se corresponden con los empleados de Micropolix. Cada diez metros encontramos a uno informando a una familia diferente sobre cómo funciona el acceso, sobre la cantidad de horas que tenemos por delante y sobre el precio de la entrada.
Puedes estar dos horas, puedes estar seis, lo que te plazca, hasta que tus hijos se agoten. Aunque quizá acabes tú antes agotado, como suele ocurrir en estas ocasiones. El caso es que, pulsera en muñeca y mapa en mano, nos metemos de lleno en la ciudad.
Primera parada para fotografiarnos con el logo y, ahora sí, si habéis elegudo acompañar a vuestros hijos -puede hacerlo un monitor ñero os animamos a hacerlo vosotros- continuamos hacia ese primer pasillo en el que ya nos sorprende un banco. Un banco que gestiona el dinero de nuestros pequeños. Un banco donde los aprenden también a depositar dinero si les sobra, a ir a trabajar y realizar prácticas a cambio de dinero o incluso a acudir para solicitar una hipoteca, siempre cumpliendo unos requisitos laborales, de edad y, por supuesto, de ingresos. Sirva esto como ejemplo de lo que está por venir.
Salas y más salas con un cartel informativo colorido y muy práctico que nos recuerda cuánto dura cada actividad, cuánto dinero obtendremos o cuánto gastaremos por realizarla y qué rango de edades puede participar. Recordemos que aquí hay dos rangos de edad en Micropolix.
No queremos destripar todas las actividades que hay, pero sí os diremos que el escenario es amplio. Hablamos de dos plantas con una distribución perfecta y exquisita, en la que casi puedes ver toda la planta desde la otra punta para vigilar bien a los tuyos.
En el centro, coronando, encontramis un circuito de coches, una de las actividades más demandadas. También de las que generan mayores colas.
Aprovechamos para hablar precisamente de esas colas. Es muy fácil saltar de una actividad a otra y buscar siempre las que menos espera tengan, porque son las más aprovechables. Así podremos sacar el máximo partido al tiempo.
Y, por supuesto, Micropolix no deja de lado el carácter desestacionalizado de la actividad. Es decir, tan pronto te vale Micropolix en invierno como en verano, porque para eso está techado; es capaz de organizar un pasaje del terror por Halloween -de mucha calidad- como de preparte alguna sorpresita por Navidad.
El final es apoteósico. Os daremos una pista: hay que acudir a la plaza principal al final. No os lo podéis perder. Vuestros hijos os lo van a agradecer y sus ingresos también.
El niño aquí aprende o consolida un aprendizaje fundamental: la gestión de sus propios recursos. La educación financiera es tan importante. También lo es el valor de las cosas. Es fundamental que el niño aprenda a valorar cosas, tiempo que emplea y dinero que gana, así como a gestionar cómo gastarlo.
Sobre todo que aprenda no solo a ahorrar, sino también a aprovechar aquello que le proporciona el dinero que decide gastar.
Como veis, Micropolix es mucho más que una ciudad para niños. Es mucho más que un plan de fin de semana. Es una actividad lúdica, didáctica y que educa de una manera que a más de uno nos habría gustado experimentar fuera de casa: primeros pasos en la administración del dinero, de realizar determinadas actividades y de aprender a desenvolvernis en el mundo real.
Un detalle más: aquí hay muchísimos partners aliados con Micropolix que han sabido introducir su cuña publicitaria en una actividad vestida de fuerte carácter didáctico.
Véase el Monopoly de Gilmar, donde nos enseñan cómo obtener una hipoteca. Véase el estudio de televisión, donde podemos participar en un concurso o, incluso, la actividad de doblaje de dibujos animados.
Te darán mucha envidia tus hijos porque querrás ponerte en su piel o querrás haber podido estar en ella hace años y años para vivir esta experiencia.
Todo es disfrutable en Micropolix. La ciudad donde los niños no quieren ser adultos, sino jugar a serlo.
Más información: www.micropolix.es
Tamara García Martín y Jesús Clemente Rubio
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