De discreta fachada y enorme salón comedor, GruppoMimo avanza en sus primeros metros lo que está por venir. Una cocina italiana vestida de la mejor moda francesa y enclavada en un lugar privilegiado de Madrid que, sin ser pretencioso ni prometer a bombo y platillo la mejor carta de nuestros primos del Mediterráneo, la consigue.
Y lo hace porque en la gastronomía cada sentido cuenta, y con el visual conquistado por la coqueta fachada y el gigantesco interior, el sonoro se cubre con el acento italiano que impregna al servicio. Un servicio ágil, sonriente, dispuesto, que incluso introdujo a nuestras hijas hasta la cocina -literal- para que ayudasen a confeccionar una de las pizzas que preparan. Con el olfato activado por los platos que, nuevamente, embriagan el sentido de la vista por su aspecto, nos interesamos en primer lugar por dichas pizzas que obedecen a una máxima: si no vas a poder dar cuenta de ella, por qué hacerla de tamaño desorbitado. Aquí todas son "medianas" e incluso existe un trío de las más apetecibles con medidas aún más reducidas a modo de entrante perfecto para compartir. Sí, por qué no apostar por esa terna como entrante para luego adentrarte en unas pastas en las que te costará elegir, así que nosotros sin desmerecer al resto -habríamos incluido todas en comanda- te hablaremos de nuestras elecciones. Antes, sólo un breve guiño a su apartado Fit con ensaladas frescas, saludables y deliciosas.
En el terreno de las pizzas, fuimos a la clásica y sencilla pero, a la vez, que tanto dice de la buena mano o no del cocinero: la margarita. La de tamaño reducido sólo es posible en la terna mencionada, así que pedimos la del tamaño estándar y fue más que suficiente para abrir boca sin resultar demasiado pesada, gracias a una fina y ligera masa. Salsa de tomate y punto perfectos, listos para lo que estaba por venir.
Y loq ue vino fueron una lasaña exquisita, unos carbonara de guanciale y pecorino equilibrados con espaguettis a la chitarra y el que para nosotros está un escalón por encima del resto (y ya es decir): misma pasta e idéntico queso pero alla valentina, esto es, preparado en una sartén de pecorino y trufa fresca con el emplatado en mesa. Raciones abundantes, sabores intensos, buches satisfechos.
Para el final una copa de helado de generoso tamaño Pistagelato, con pistacho y vainilla en diversas texturas peleándose por poner bandera en tu paladar. Así es como, precisamente, Francia conquistó Madrid: a golpe de buena cocina italiana. GruppoMimo.
Más información en https://www.gruppomimo.com/es/nos-restaurants/gruppomimo-madrid
Jesús Clemente Rubio

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