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Roge adapta la cocina mexicana al paladar europeo sin traicionar su esencia

 

Leed nuevamente el titular. Os costará creerlo, porque estamos precisamente a lo contrario...a topar con mexicanos que no lo son justificando los cambios en el gusto español y europeo. U otros que camuflan la traición a los productos y recetas del país norteamericano hablando de fusiones que acaban siendo disparates e insultos a una y otra cocina. En Roge, su homónimo chef, Rogelio Castro, sabe que una carta contenida siempre gusta. Que si esa carta posee productos y técnicas mexicanas pero sólo con acento español o francés, mejor que mejor. Y si además propones no sólo carta libre sino también menús degustación que recorren prácticamente todas las referencias, la variedad ya asegura el gusto. Nosotros lo hemos probado y estamos encantados. Dos destacados: la croqueta de ternera con alioli de ajo negro y el tatin de manzana. 

O lo que es lo mismo, empezar y concluir de la mejor manera posible tu visita a un local con dos zonas bien diferenciadas; la informal, luminosa frente a la calle y otra que, atravesando un pequeño pasillo, nos adentra en el local y otorga vistas al patio que comparte con el vecindario. Vayamos con la comida que mencionábamos, que por cierto da nombre a la mascota del local, una simpática perrita llamada croqueta. 

Sobre la comida, el relleno es abundante, de intenso sabor y de perfecto empanado y acompañamiento. Sirva esta descripción para muchos de los platos que fueron sucediéndose en el menú degustación: en el tartar de atún, mango, aguacate, albahaca y chile serrano se perciben todos y cada uno de los ingredientes en perfecto equilibrio y cada bocado es un sabroso placer. Sobre los langostinos con salsa bisque y chile de árbol, más de lo mismo; salsa suave y nada empalagosa que acompaña y hace adictivos unos langostinos de calidad. 

La corvina compartía suave textura con el pato en salsa de naranja y chipotle, cada uno con su idiosincrasia claro pero siempre portando el adjetivo "delicioso". Y la puntilla la trajo de nuevo la carne en forma de solomillo de vaca con salsa de frutos rojos y Pedro Ximénez, una vez más en cantidades justas para que el paladar sea capaz de diferenciarlas y todas envíen agradecidas señales al cerebro. Maravillados por la mano de Roge, quien nos reconoció que su especialidad no es la repostería, nos atrevimos con el postre. Y se la jugó: sin dominarla, sí aseguró que el tatin de manzana se le da de fábula y por eso lo incluye en la carta, al igual que los bombones caseros de crema de limón y lima. 

Dejadme deciros que, con permiso de alguna otra que hayamos ensalzado en estas líneas, la tarta de manzana es de las mejores que hemos comido. Sin ser el hojaldre tremendamente fino y teniendo algún pedazo de manzana que otrora nos asustaría, aquí la conjunción de ambos y la cantidad perfecta de helado de vainilla resulta en un broche de altura a nuestra velada. Yo me quedo con éste, si bien mis acompañantes dotaron de misma lectura a los bombones. Sea como fuere, el cierre resultará tan espectacular como el resto de la carta.

Más información en https://rogerestaurante.com/

Jesús Clemente Rubio