lunes, 23 de septiembre de 2019

República Dominicana I: El comienzo del Nuevo Mundo

Apenas unos minutos en Santo Domingo bastan para entender por qué Cristóbal Colón y compañía la eligieron para fundar el primer asentamiento en el Nuevo Mundo. Organizada por “cuadras” y en exquisito tablero, el aire colonial impregna toda la ciudad pero cada rincón matiza con comercios y turismo, vida y costumbres locales, puros y mamajuana, colmados e iglesias. Mucho se ha escrito sobre perderse en las ciudades para encontrarse a uno mismo, pero Santo Domingo pide a gritos que sea ella la (re)descubierta y explorada porque cada giro y cada partida en el damero premian al viajero con una experiencia diferente. Y única.

Santo Domingo fue la primera ciudad del Nuevo Mundo.
Verdaderamente, todo un mundo por descubrir.
El “Chuchú” colonial nos recibió como buenos turistas y a bordo de un tren de aspecto infantil y frágil nos ofreció una vista genérica de lo que estábamos a punto de recorrer. Ciertamente, como decía la locución en español acentuado, es fácil desplazarse a pie por la capital de la República Dominicana. Es más,  son numerosos los momentos en los que sientes la necesidad de apearte del tren y comenzar a fotografiar las evidentes diferencias con España en términos lingüísticos, interesarte por las charlas entre capitaleños que parecen siempre superlativas en términos de política o sociedad o bien probar bocado gastronómico.

En Casa Gastronómica Siglo XVII se dan cita un festival de sabores
perfectamente combinados.
En este punto, por cierto, mención al televisivo chef Leandro (jurado en la edición dominicana de Masterchef) que en su establecimiento nos premió con una degustación que abarcaba varias fusiones, a cual mejor elaborada. Independientemente de si gustas de su propuesta, la calidad y laboriosidad de los platos es innegable y merece un "chin" (poco) de tu tiempo. Así como el local coqueto y colorido, como el resto de la ciudad, con fuerte presencia del rojo, blanco y azul de la bandera nacional.

El Parque Colón te llevará a otra época, de luces y sombras, pero que nos dejó el estilo colonial que impregna
Santo Domingo así como el conocimiento de la existencia de la propia ciudad.
Una vez hayas dado cuenta de las largas y variopintas calles –mención especial a la comercial Hostos- es recomendable acercarse a algunos de los monumentos visitables como la Iglesia en el Parque Colón. Aunque más que una extensión verde se trata de plaza, no resulta excesivamente grande ni espectacular pero al mismo tiempo imperdible. Recuerda, llegados a este punto, dos cosas: el cambio de 1 euro son unas 56 coronas así que lleva efectivo y olvídate de decir que “no” por cuestiones de precio: al convertirlo siempre te darás cuenta de lo económico que resulta al turista cada visita o punto de interés.
Cada esquina de la capital ofrece un matiz diferente del carácter dominicano. Aquí, el trabajo urbano y el colorido.

Al abandonar la catedral, dedica unos minutos a la citada Plaza Colón. Siéntate, observa, aprende y crece como ser humano apoyándote en lo mucho que tienen que enseñarte los que son diferentes en cuestiones culturales y sociales. 


Piérdete en Santo Domingo no para encontrarte a ti mismo, sino
descubrir aquello que maravilló a los conquistadores.
Es un gustazo apreciar en la sencillez del dominicano una felicidad que, quizá no sea absoluta, pero sí liberada de ataduras ya que se centran en lo que están haciendo en ese momento. Si no me crees, echa un vistazo al tiempo que te dediquen en alguno de los establecimientos, o a la persona que preguntes por la calle… cualquier muestra es válida. Santo Domingo, como el dominicano, se abre al visitante sin pedir nada a cambio, agradece la gratitud y le da más valor a que tú busques ayuda en él que a que él te la proporcione. 

Una de las principales calles comerciales es también foco de
vida local. Sólo ellos harán de tus vacaciones un viaje.
El “A la orden” con el que te responderán en numerosas ocasiones jamás estuvo tan bien empleado. Santo Domingo, como el dominicano y también el lema de la isla, “Lo tiene todo”… lo que olvidan mencionar es que todo lo ponen a tu disposición. Imposible no sentir el cariño y abrazo de la ciudad y sentirte en deuda eternamente, pues no basta con un abrazo de vuelta. Tanto le debemos a la capital dominicana que toca volver y pedir la cuenta… aunque no me sorprendería que vuelvan a pagar ellos.

Acércate y 'arregla' el mundo con los dominicanos. Una charla más allá del turismo te permitirá ver el mayor
tesoro del país: su gente.

Descanso presidencial: Hotel Los Embajadores

Cuando una suite presidencial es elegida por multitud de personalidades
como alojamiento, es por algo. Quizá por su terraza azotea.
Royal Hideway es una facción del Grupo Barceló que apuesta por el lujo y por elevar a la enésima potencia los servicios tradicionales de cualquier alojamiento sumando varios valores añadidos y rematando con gastronomía y diseño remarcables. El Hotel Los Embajadores cuenta con una suite presidencial de más de 500 metros cuadrados, una explanada para eventos –normalmente, bodas- de más de 12.000 metros cuadrados y varios restaurantes regulares y temáticos. 

Ciudad dentro de ciudad, el Roayl Hideaway Embajadores se aleja ligeramente del núcleo colonial
para premiarnos con una colorida naturaleza y vegetación.
No es necesario acudir a cifras vertiginosas para sacar músculo: nosotros estuvimos en la habitación estándar y, como bien aprendimos de un excelente empleado del hotel, “desconfía de los hoteles que te alojen directamente en suite y escondan sus elementos base”. Una lección que pudimos corroborar tan pronto pisamos la habitación doble, con bañera y baño integrados en la habitación y sólo dos puertas separando váter y ducha –amplísima- para garantizar comodidad, intimidad e higiene. Acqua di Parma en geles y champús, hidromasaje en la bañera y cama mullidísima completan una generosa habitación aislada a conciencia. El descanso reparador está garantizado y tú decides cuándo comienza y termina.

Una oda a la cocina dominicana con intensos sabores
y notable variedad.
En el ámbito gastronómico, comimos a la carta en el Restaurante Jardín una suculenta, cuantiosa y variada cena basada siempre en productos locales. Casi tan delicioso resultó el desayuno, en el que echamos de menos algo de bollería artesanal o menos procesada pero sí cumplía con los platos salados. Nota común a toda instalación y al servicio: rozando el 10. ¡Qué bien te ha sentado la reforma de 2017, Embajadores! Y, con todo, antes de la misma ya acogió artistas e incluso rodajes hollywoodienses como El Padrino 2. Santo Domingo es mucho, muchísimo más que el probable lugar de aterrizaje de tu visita a República Dominicana: dedícale un poco de tiempo y la recompensa será superlativa. Después de todo, aquí comenzó el Nuevo Mundo.

Más información de Santo Domingo en http://www.godominicanrepublic.com/es/santo-domingo/

Otros volúmenes de nuestra Guía de República Dominicana:


- República Dominicana II: Puerto Plata http://www.otiummadrid.com/2019/09/republica-dominicana-ii-plata-en-lo-mas.html

- República Dominicana III: Y el Paraíso soñó con Samaná http://www.otiummadrid.com/2019/09/republica-dominicana-iii-samana-otiummadrid.html


Jesús Clemente Rubio