sábado, 2 de marzo de 2013

Suiza II: 'Escala' 4.000 metros en un día

Lo sabemos, echas de menos un poco de montaña. Hablar de Suiza y no mencionarla es como obviar en nuestro caso las playas, o la gastronomía, o la vida nocturna, o...(ayss, tenemos tantas cosas). En fin, que hoy cogemos las botas, preparamos la cartera y, sin abandonar el cantón de Berna, nos dirigimos a uno de los pueblos más exclusivos del país helvético, puerta de acceso al pico más espectacular de los Alpes: Interlaken y el Jungfrau, respectivamente. Tomad aire, que allí arriba los pulmones se toparán con un oxígeno demasiado puro, y en tres horas y por 150 euros estaremos coronando un "cuatromil" sin piolet ni herramienta alguna. Padezcáis o no de vértigo, sí, mirad abajo...nunca olvidaréis lo que están a punto de ver vuestros ojos.

Pueblo entre dos lagos. Precioso.
Pues el único punto flojo de la reseña de hoy ya te lo hemos dicho; el precio. Entrelagos es uno de los municipios más adinerados y exigentes para el bolsillo de todo el estado helvético. Menos mal que nadie nos podrá arrebatar la naturaleza y nuestras piernas no nos cobran por patear sus calles al pie del río Aar y escoltado por los lagos Thun y Brienz -de ahí el nombre del pueblo-. Imaginarás que la hora y media que puedes dedicar a recorrer cómodamente tan paradisíaco emplazamiento estará llena de inauditos paisajes que aglutinan parque, río y montaña -y qué montañas, los mismísimos Alpes- en cada vistazo. Sólo por estos 60-90 minutos, insisto, Interlaken se gana el derecho de contar con tu visita. Prueba a dirigirte a las construcciones semejantes a muelles que se sitúan en ambos extremos del pueblo y sé partícipe del que será uno de los mejores recuerdos del viaje. Comprenderás que la magia  de Suiza reside también en que el estar incrustada en una cadena montañosa deriva en increíbles reflejos en los lagos, matices luminosos al asomar el sol tras los picos y temperaturas más agradables de lo que pudieras imaginar -dejando fuera el invierno profundo-.

Hasta el infinito...
Un cuento de hadas cubierto de nieve.
Turno de centrarnos en el contra. Aunque no es el único pico al que podrás ascender de manera mecánica, sí es el más importante, y lo que no cuesta a nuestro cuerpo hacerlo lo paga el bolsillo: 120 euros por persona de media (dependiendo de la temporada) por un tren que, en tres horas, te convertirá en el Buzz de "Toy Story" y te portará al infinito... y más allá. En mi humilde opinión, una vez llegas arriba olvidas la broma, una vez desciendes vuelves a recordarla. Sin embargo, las frecuentes promociones podrían reducir el precio hasta los 85 euros que costaba con la oferta "Campeones de Europa" que, por ser españoles y DNI en mano, nos premiaba con semejante descuento. Para que luego duden de la envergadura y el alcance del fútbol. Todo esto es sólo una opinión, una experiencia, que mejor desgranarte para así decidir tú con suficiente información y datos.

Menudas vistas, pensarás... y sólo llevas una tercera parte de la ascensión.
En primer lugar, decirte que las tres horas se te pasarán volando -de hecho, metafóricamente, lo harás cuando surques los cielos en tren- pese a lo que pueda parecer tanto tiempo metido en un medio de transporte. De hecho, es menester aclarar que son tres los trenes que cogerás -el último de "cremallera", por el raíl por el que circula, a diferencia de las vías a las que estamos acostumbrados-. Entre transbordo y transbordo, tendrás un contacto más o menos breve con las diferentes altitudes y, de manera progresiva, irás interiorizando la aventura que estás realizando y por la que muchos trabajadores dieron su vida para hacerla posible en 1912.

Observa la mano del hombre en el carril
reservado al teleférico.
Sobre el tiempo no te preocupes: puedes recorrer las pistas habilitadas para ello, optar por la meditación o la fotografía en cada parada y esperar al siguiente tren algo que, por otra parte, salvo que se trate de paradas especiales que constan de atracciones y estaciones lúdicas, te desaconsejamos en pro de aprovechar el día -la excursión ocupará toda tu jornada-.

Para más datos, las paradas de ascenso al aire libre te dan cuartel suficiente para descender, observar, fotografiar y retornar. Una vez en tren cremallera inicia su ascenso final, lo hará por 7 kilómetros de túnel -el recorrido más largo del mundo de estas características- y, en su interior y por fortuna, existen dos altos más en el camino. Ambos asociados a estaciones cubiertas desde la que maravillarte, a través de inmensos ventanales, con la escarpada cordillera, las sinuosas siluetas que dibujan los picos y el manto blanco que todo lo recubre. Y entonces caes en la cuenta de que esto va en serio, de que ya has sobrepasado los 2.000 metros y subiendo y aquí, sea invierno -paisaje más hermoso por una mayor abundancia de nieve- o verano -los contrastes con el sol son dignos de ver-, todo es nieve.

Las estaciones cubiertas son otro
milagro arquitectónico.
Así pues, aunque desde la barrera se ve muy bien al toro, retornarás con emoción al vagón listo para alcanzar la segunda estación ferroviaria más alta del mundo y la primera de Europa -3.545 metros-, sólo superada por el Pike Pike´s estadounidense. Una curiosidad: la última parte del viaje estará amenizada por una concreta información en múltiples idiomas... con la sorpresa de que la narradora en japonés es, ni más ni menos, que la que corriese por las montañas que en breve vas a pisar: ¡Heidi! Todo un guiño de humor al público más afluente a esta actividad debido a su poderío económico y su obsesión por registrarlo todo con su cámara de fotos. Vayas cuando vayas, mires donde mires, verás nipones.

Cayeron por tu gozo
Paisajes de ensueño.
Cientos de personas emprendieron en 1893 una empresa que finalizó en 1912 con decenas de fallecidos en las labores de construcción y mantenimiento. Date cuenta que hablamos de un siglo y medio atrás, con la inversión, equipamiento y técnicas de la época. Es más, se dice que hoy día sería inviable acometer tal proyecto por éstas y otras razones como que la UNESCO prohíbe desde 2001 construir más, al declararlo Patrimonio de la Humanidad. En su honor, y gracias al esfuerzo de tantos, podemos disfrutar muchos más del magnífico complejo construido en la cima. Con el mapa que te habrán entregado en taquilla en el momento de adquirir tu billete podrás guiarte por las instalaciones sin ningún problema. Así, gozarás en una de las salidas de telesillas o flotadores o trineos de nieve, en otra de una zona de picnic y en una tercera de una recreación cinematográfica y panorámica del lugar en el que te encuentras, con imágenes cenitales y fotografías imposibles. Obviamente, todo dependerá de la época en la que te encuentres y el permiso del temporal que, a veces, hace imposible realizar todas las paradas.

El complejo ofrece multitud de atracciones.
La que nadie te puede arrebatar es llegar al cenit del llamado Top of Europe: la cabina superior que se alcanza con un ascensor cuya velocidad de ascenso es de 6,3 metros por segundo. Dicho de otra forma: subirás 108 metros en 17 segundos. Es aquí donde, sin pecar de exageraciones ni expresiones hiperbólicas, quedarás boquiabierto: saldrás a un mirador situado a 3.545 metros de altura: serás un punto en la inmensidad que te rodea, dentada debido a los numerosos picos que se burlarán de tu diminuto tamaño al lado de sus miles de metros, si bien formarás parte del más alto de todos ellos: el Jungfrau (la doncella), una "dama" de 4.158 metros. La foto te parecerá un montaje... haznos caso y sé parte de él. Extraordinario, imponente, sobrecogedor... no elijas uno, quédate con todos los adjetivos. Y te quedarás corto.

Si en algún momento te cansas del escenario -a nosotros nos costó horrores decir adiós a algo así, tanto que volvimos a subir una segunda vez-, siempre puedes revisar la panorámica desde un segundo balcón que te encontrarás en la visita. Pero justo es destacar dos particularidades más del complejo: la sala verde, con figuras talladas en madera y una bola de cristal gigante con la región de Interlaken; y la atracción favorita con permiso de "la doncella"; la cueva de hielo.

Sin comentarios.

Esculturas bajo cero
Te quedarás helado.
Abrígate nuevamente, porque estás a punto de recrearte con una de las atracciones más hermosas de todo el día. La cueva de hielo hace justicia a su nombre con metros y metros de pasillos, bóvedas y esculturas esculpidas en el material, tratado especialmente para que mantenga su temperatura y consistencia. Será doblar una esquina y hallar un pingüino que te devuelve la sonrisa e incluso un águila real aún más impactante con sus sólidas y blancas alas desplegadas. Aquí todo es hielo, y cuesta pensar que con los cubitos que tan alegremente desaprovechamos y consumimos se pueden hacer auténticas obras maestras. Te aconsejamos dejar tu "exploración helada" para el final, antes de emprender el descenso nuevamente en tren y que tus ojos digan adiós a uno de los viajes más alucinantes del mundo. Personalmente, logré entender el persistente afán humano por volar: ya no se trata de surcar los cielos cual pájaro, sino de los lugares a los que podríamos llegar y las vistas que obtendríamos. Gracias a un puñado de hombres, muchos de los cuales fallecieron, ahora podemos y debemos hacerlo.



Anteriormente Suiza I: Hermosa en todos los idiomas.
Próximamente Suiza III: Franceses, fondues y chocolate.


otiuMMaximus
- El Jungfrau, visto desde cualquier ángulo.
- El amanecer o el atardecer en la cima o a pie de lago.
- ¡Hay un "Hooters" en Interlaken! http://www.hooters.com/Home/Default.aspx. Por si no sabes lo que es.

otiuMMenester
- Interlaken está situado en el cantón de Berna así que desde Solothurn o la misma capital tienes poca distancia. Recuerda reservar un día entero a la visita.
- El precio medio es de 120 euros. Con promociones, quizá puedas conseguirlo por menos de 85 euros. 
- Aunque el pueblo es de un altísimo nivel de vida, puedes comer tranquilamente por unos 20 euros en "Hooters", por ejemplo.


Jesús Clemente Rubio