viernes, 1 de marzo de 2013

Suiza I: Hermosa en todos los idiomas

Si en la variedad está el gusto, el país al que nos asomamos hoy es un gustazo. Porque en él conviven cantones alemanes, franceses e italianos. Porque aunque carece  de salida al mar, posee algunos de los lagos más espectaculares del viejo continente y además, quizá por eso, la Madre Naturaleza le arrebató playa pero le premió con espectaculares cimas de una de las cadenas montañosas más importantes del mundo: los Alpes. Situada en el corazón de Europa Occidental, recibe además de lo bueno lo mejor de cada país que la rodea, desde un asombroso y excelente abanico de quesos hasta los más exquisitos chocolates. El país de los bancos y las cuentas de nuestros políticos, cuya guardia protege al Papa y que sin haber participado en ningún conflicto bélico mundial mantiene el servicio militar obligatorio. Volved a vuestra más tierna infancia y corretead como hiciera Heidi por los montes de Suiza. "Liorloliorololioroloooojujuuuuu".


Muchas ciudades Suizas están atravesadas
por ríos e incluso comparten lago.

Suiza es un pequeño país de grandes contrastes, lo que facilita un turismo satisfactorio y cómodo a la hora de recorrerlo. Aunque la opción tren resulta atractiva por su estupenda red de ferrocarriles, su elevado precio (hasta 37 francos un viaje de ida de tan sólo 200 km., tirando por lo bajo) invita al alquiler de un coche. Dicho de otra manera: si piensas en Suiza en conjunto, coge coche; si por el contrario piensas permanecer la mayor parte de tu viaje en un punto, elige tren. Antes de eso, llegar al país helvético es fácil gracias a las ofertas aéreas que Easyjet suele tener con salida Madrid y destino Basilea o Ginebra, siendo la primera la más recomendable si tu intención es comenzar el viaje en Berna o Zurich. Es en dicho aeropuerto donde te toparás con la que bauticé como "anécdota didáctica".


Chocolate, quesos y relojes son los
productos más preciados en Suiza.
Corazón de Europa
Recién aterrices en Basilea y una vez te dirijas a la salida, asistirás a toda una lección de geografía en tan sólo 20 metros. Es la distancia que separa las puertas para abandonar el aeropuerto por suelo suizo de las que llevan a suelo francés... y alemán. La privilegiada situación de Suiza es mucho más que esta curiosa peculiaridad. No obstante, es responsable de su tradicional elección como sede de numerosos organismos europeos e internacionales, posee productos de diversas nacionalidades y, además, configura su sistema político y social en un llamativo tetralingüismo.

Aquí comienza la calle comercial
más cara de Europa, Banhofstrasse.
Éste ha de ser el punto de partida de la organización de tu viaje: no sólo cohabitan las lenguas francesa, italiana, alemana y romanche -una extraña mezcla de los tres anteriores y aún utilizada en las zonas montañosas, probablemente Heidi la dominase-, sino también las culturas que acompañan a cada uno de los citados orígenes. De esta forma, observarás como nada tiene que ver el ritmo de la tedesca Zurich con la francesa Ginebra, o las más discreta Berna con Laussane. Sea como fuere, en los 26 cantones prevalece el suizo -dialecto del alemán-.

Confusión de capitales
Es lógico pensar que Zurich pueda ser capital de Suiza: sin duda, en el ámbito económico por ejemplo, lo es. Es una todopoderosa urbe al lado de la  recogida y humilde Berna, auténtica sede del Capitolio. Por ello es digna de mención, por acercarse a Berlín en su aire germánico salpicado de una fuerte influencia cosmopolita llegada de todas las partes del mundo. 

Así podría amanecer tu coche de alquiler.
Constituye uno de los pocos ejemplos de majestuosidad urbana en detrimento de las clásicas casas bajas y de tejados inclinados, si bien combina ambos, y alberga varios récords: ciudad más cara del mundo, la calle comercial más cara de Europa (Banhofstrasse o calle de la estación) y la cripta más grande del país (en  el interior de la Grossmünster, catedral con torres gemelas y símbolo de la ciudad). Si añadimos el atractivo casco histórico, el encantador paseo a pie del río Limmat y el lago homónimo, Zurich merece una visita. Pero no olvides uno de sus récord, y reserva tus francos para dormir y residir en otra ciudad más económica durante tu estancia.

La Catedral de Zurich se erige majestuosa y sus torres gemelas son el símbolo de la ciudad.
Berna, aun perteneciendo también a cantón alemán -del mismo nombre, por cierto-, nada tiene que ver con la anterior. Aquí priman un par de amplias avenidas escoltadas por los famosos soportales, que la convierten en la mejor ciudad del mundo para ir de compras. 

La Rathaus sorprende en una de las
callejuelas bernesas.
Bajo los seis kilómetros de techo se alternan locales de todo tipo -prevalecen las relojerías, como no podía ser de otra manera- y, de vez en cuando, el visitante se ve sorprendido por monumentos que impactan igual que los de Zurich, pese a contar con una estructura y altura mucho menor. Ello se debe a que Berna ornamenta sus pasillos callejeros con soportales que dibujan arcos en la base de edificios y casas de reducido tamaño, que apenas superan los tres pisos de altura. Así se explica que la Rathaus (Ayuntamiento), el Palacio Federal o la famosa Zytglogge (Torre del Reloj) luzcan una estatura, al ojo humano, considerable. 
Torre del Reloj.
A medida que avances por la Marktgasse -calle del mercado, principal de Berna y Patrimonio de la Humanidad- sortearás numerosas fuentes con esculturas que repasan historias y leyendas de la ciudad, con destacada presencia osuna. Cuenta la leyenda que el fundador de la ciudad prometió ponerla el nombre del primer animal que se le cruzase y fue tan imponente mamífero el primero en hacerlo (oso en alemán es Bär).

Desde la parte posterior del Palacio Federal obtendrás una impresionante panorámica de Berna.
Antes de llegar al final de la anterior travesía y dirigirte a la reserva de tan admirado animal, conviene que te asomes a la parte posterior del Palacio Federal suizo y te deleites con una de las mejores estampas de la capital helvética. La otra la hallarás en el mirador del parque Rosengarten, ascendiendo desde el Parque Natural osezno. Ambos son increíbles, pero el primero goza, como digo, de la típica postal bernesa.

Con el número 11, Solothurn
Puesta del sol en Soleura,
enclave privilegiado.
Comprobarás mapa en mano que el itinerario propuesto se puede realizar a lo largo de un día, pues ambas capitales -financiera y política- están separadas por tan sólo 130 kilómetros. Para el colofón tuvimos que agudizar la vista, pues la escala del plano reservaba a Solothurn un espacio mucho más discreto que a sus hermanos mayores.
La ciudad de Soleura se encuentra a unos 30 kilómetros de Berna y supone un remate extraordinario a la jornada de contrastes vivida. En ella seguirás con la escala descendente en lo que a dimensiones y aspecto urbanístico se refiere. Digamos que es la sinopsis de la capital. Presenta dos ríos, el Jura y el Aar, que atraviesan igualmente a la ciudad reflejando sus -por fin- idílicas casas con tejados de puntillosa arquitectura. Poseen techo a dos aguas -en forma de "V" invertida- y con la inclinación justa para repartir la nieve sin dejarla caer la nieve. De esta forma, evita una acumulación que pudiera hacer ceder el techo por el peso. Pero basta de mirar hacia arriba. 
Un paseo por Solothurn premia al viajero con el pausado ritmo suizo y unas vistas deslumbrantes.

Vuelve a la tierra y explora este hogareño pueblo que conserva una Catedral grisácea por el día y espectacular de noche y una Torre del Reloj -te avisamos sobre las similitudes con Berna- que "engaña" sobre la hora: la aguja de las horas más largo que el minutero.

Acércate de noche a la parte
posterior de la Catedral.
Y no terminan ahí las singularidades de Soleura: su carnaval es de popularidad nacional debido al Mario Kart humano que montan disfrazados cada uno de un personaje del videojuego de Nintendo y ataviados con vehículo y objetos idénticos a los que intervienen en las carreras. En un ámbito mucho más turístico y casi obsesivo se encuentra su retorcida relación con el número 11. Once iglesias, once capillas, once torres y once fuentes. Idéntico número de campanas y altares conforman la Catedral. Misma puntuación en una escala sobre 10 le darás a la jornada de hoy mientras degustas un buen plato de pasta o pizza en uno de los numerosos restaurantes italianos dispuestos en este encantador enclave suizo.

Próximamente Suiza III: Franceses, fondues y chocolate.


otiuMMaximus

- Mira las etiquetas de algunos relojes en Zurich. Busca un desfibrilador.
- De noche, siéntate en el muro posterior al Palacio Federal. Berna a tus pies.
- Pasea once minutos por Soleura. 

otiuMMenester

- Comprados con antelación, los billetes de Easyjet de ida y vuelta te pueden costar entre 40 y 120 euros ida y vuelta. Los hoteles son más económicos en Berna que en Zurich. Bueno, y todo lo demás también.
- Los restaurantes suizos son soberbios en cuanto a servicio y especialidades alemanas, francesas e italianas. El precio más bajo, salvo que se trate de un kebap -que también los hay- o similares, parte de 25 euros por persona. Deja algo de propina.
- Salvo atracciones como la casa museo de Einstein o el Parque Natural de Berna, habrás observado que hay pocos gastos turísticos. Reserva tu dinero para el transporte interurbano y elige tus piernas para desplazarte por las ciudades. Son muy cómodas para el peatón y sencillas sobre plano.


Jesús Clemente Rubio