domingo, 2 de junio de 2019

(Final Champions´19) Tottenham 0 - Liverpool 2: Quiéreme cuando menos lo merezca


...Porque será cuando más lo necesite. Ríos de tinta con ruedas de prensa de Klopp posderrotas europeas siempre han contenido los mismos versos: hemos jugado justo como queríamos y hemos conseguido todo excepto el resultado. Pasó contra el Real Madrid y pasó contra el Barcelona en aquel 3-0 para el olvido. Y justo cuando menos lo merecía el Liverpool, cuando cuajó una de las finales más aburridas de las últimas Champions League y cuando jugó menos y peor fútbol que su rival, ganó. A la tercera fue la vencida para Klopp en la máxima competición europea. Pochettino, digno rival, enorme Tottenham que ya hizo historia alcanzando la final y técnico a seguir de cerca pues merece una trayectoria en la élite de las élites. Los 'Reds' suman 6.

Pueden venir mil expertos y trescientos psicólogos a decir que la fortaleza mental de un deportista ha de estar prevenida y preparada para eso y más, pero que te piten un penalti a los 26 segundos de final de Champions League no pasa inadvertido ni para la persona con menos escrúpulos del planeta. Afectó y mucho para el desarrollo del partido y, queremos pensar, para la última línea del Tottenham. El máximo error de los Spurs fue siempre el último tercio de campo, el último pase, el último disparo, con Son tan atrevido como desacertado, Kane desaparecido y Erikssen en su peor versión. El resto, mucho más rocoso y bien organizado que un Liverpool que vivió demasiado de la renta del penalti transformado por Salah como nos gusta a los puristas, a "empotrón", a lo bestia. Cierto que el guardameta Red siempre se mostró firme y seguro, pero también que tuvo poco trabajo de verdadero peligro salvo en los minutos de apretón final en los que los hinchas del Tottenham perdieron tres corazones. 


Antes de eso, varias embestidas que arrancaban con muchísima fuerza pero siempre terminaban disparando fogueo, y alguna tímida respuesta del Liverpool con un Salah lleno de buenas intenciones pero vacío de control sobre las mismas. En conjunto, sin embargo, resultó una primera parte bastante pobre.

Los últimos 30 minutos de partido sí dieron más que hablar; Klopp dio entrada con acierto a un Origi mucho más dinámico y vertical que el desaparecido Firmino y un Tottenham empujando mucho más y mejor vertebrado desde el centro del campo. Pero cuando la pelota se resiste a entrar repitiendo la inercia marcada por los errores humanos anteriores, uno se pone a pensar que está más cerca el injusto segundo gol del que aguanta que el primero y merecido empate del que aprieta. Y así fue. Aprovechando los espacios cada vez más evidentes que dejaba el cuadro de Pochettino, el Liverpool tejió una jugada que dejó tiro franco a Origi que cruzó con certeza. Faltaban pocos minutos de partido pero el mazazo para los Spurs aún resuena. El Liverpool se hacía con la merecida y perseguida sexta tras alcanzar su segunda final consecutiva; Klopp rompía su gafe y Van Dijk, un soberbio Van Dijk, se alzaba con el trofeo de jugador más valioso. Hasta aquí el sueño de Pochettino; aquí comienza el de Klopp. Que admitió, por fin, que algo de culpa tuvo en la victoria. Que agradeció, con otras palabras, no tener enfrente de nuevo a un Real Madrid que más de mil días después cedió su trono. Larga vida a los Reds y respeto eterno al Tottenham.

Jesús Clemente Rubio