sábado, 26 de mayo de 2018

(Champions´18, Final) Real Madrid 3 Liverpool 1: Eso que sólo tiene el Madrid

gareth-bale-champions-real-madridLa mala suerte, el mal fario, en el que uno ni ha de casarse ni embarcarse, menos aún en una antaño utópica aventura de lograr contabilizar sus Champions con decenas, de lograr dos, tres consecutivas, de superar las peyorativamente calificadas "copas en blanco y negro" con una buena dosis de algarabía y color. Lo dijo hasta Messi hace escasos días: el Madrid tiene algo que los demás no, que gana. Y lo hace con autoridad. Destrozando por el camino a los campeones de las principales ligas europeas. Sobreponiéndose a la minoría en las gradas, al "favoritismo" hacia el mal llamado "débil" de la final y a todas las críticas cosechadas triunfo tras triunfo. Sí señores, el Real Madrid tiene algo que el resto no, tiene 13 Copas de Europa y es, por ello, el único equipo que se puede permitir el lujo de celebrar el 13. Ya no rompe récords, ya rompe maldiciones. Pese a quien le pese, este Madrid, estos jugadores y Zidane están haciendo (otra vez) Historia. Historia del fútbol vestida de blanco.Y hablando de Historia, hay que hablar de Karius. Nadie le recordará en esta final salvo los aficionados del Liverpool que, si bien siempre muestran respeto y admiración por sus futbolistas, no podrán olvidar el primer gran error que devolvió al Real Madrid a la final. Decimos esto porque comenzaron ambos equipos con mucho, demasiado respeto, plagado de errores e imprecisiones con las que ambos parecían cómodos; la espalda de Varane hacía aguas, Carvajal y Marcelo no eran capaces de mostrarse ni férreos en defensa ni incisivos en ataque y en el centro del campo Modric hacía lo que podía para enmendar a un Kroos muy fallón. Por la otra parte, sólo Mané y Firmino parecían poder hacer daño a un Real Madrid que sin embargo no terminaba de arrebatar el balón al cuadro de Klopp. Muy inteligente una vez más, y van taitantas, el técnico de los reds optando por el tanteo inicial para el acercamiento e iniciativa del final de la primera parte, hasta culminar en el acoso de la segunda.

De esta forma, y como estaba "pactado" entre los que saben de esto, ambos equipos renunciarían a la seguridad y la salida controlada del balón en favor de un juego rápido y vertical, con pases largos si era necesario, para tratar de agujerear la débil última línea rival. Ahí estaban entonces los guardametas para repeler, con mención especial al paradón de Keylor Navas adonde sufren los porteros, raso y potente al palo largo, para evitar lo que podía haber sido una peligrosa ventaja para los ingleses. Isco hacía su trabajo reteniendo el balón, Cristiano se desesperaba por los pocos balones que llegaban y Zidane, como siempre oculto detrás de su eterna sonrisa, tenía un plan. 

Si hay un equipo capaz de todo esto, es el Real Madrid.

Lo malo es que en la segunda parte el plan parecía truncarse; Mané estaba desatado y se convertía en una auténtica pesadilla para los mediocentros y defensas del Real Madrid que ya no sabían qué hacer en las ayudas, en las salidas de balón, en las paredes. Ahí aparecía Mané para recuperar, cabalgar y ocasionar peligro pese al lesionado Salah; ellos habían perdido a un artillero y el Madrid a un carrilero como Carvajal. Y entonces, el malogrado e infame Benzemá, que tantas veces han "vendido" y "sacado" del Madrid, olió la sangre. Olfateó a un Karius que dudó, como hiciera minutos después en el tercer gol ante Bale. La duda frente a Karim o Gareth mata, y así fue. En el primer tanto, el que desatascó el partido, la clásica técnica de la "mosca molesta" del delantero sobre el portero resultó en que Karius entregó con la mano un pase al que se anticipó el crack francés. Gol que no destruyó, aún, el plan de Klopp quien a fuerza de acoso y derribo logró por fin el ansiado y merecido tanto obra del citado Mané. A partir de ahí, un intercambio de golpes con mayor precisión del Liverpool pero más colmillo del Madrid. Colmillo blanco que le llaman, ese "no sé qué" que dice Messi que tiene el Madrid, y que esta noche no se llamó Cristiano, sino Bale; primer toque de balón desde que ingresó al campo, chilena de menor altura que la del astro portugués pero de mayor cuajo por escenario y circunstancias, y pie y medio en el podio de campeones. El cuerpo entero y el nombre sobre el trofeo llegó con un potente disparo a las manos de Karius que, insistimos, hizo lo peor que puede hacer un portero; dudó entre atrapar o despejar. Y mientras decidía, el balón entró para perforar redes y esperanzas del Liverpool.

Rescatando "tredécima" del desuso para la canción de marras, conquistando otra ciudad europea, rompiendo récords, prolongando la leyenda y, como nos respondió Zidane en rueda de prensa, sin techo alguno, este Madrid es ya pareja del "13". Otra pareja más que deja en otro puerto. El próximo es el más cercano, la "novia" local: el Wanda Metropolitano espera con la 14. Sólo el Real Madrid es capaz de obrar el milagro.

Jesús Clemente Rubio