martes, 6 de febrero de 2018

Hardwired Tour: Metallica... Siempre Metallica

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Fotos: Metallica.com y otiuMMadrid

Dicen los artistas, decimos los que no lo somos, que la música es capaz de unir a las personas y sacar lo mejor de ellas. Tras años asistiendo a múltiples conciertos de los más variopintos artistas, damos fe de ello. Pero el caso de Metallica va más allá. Porque sólo ellos son capaces de juntar a tres generaciones en sus espectáculos y que abuelo, padre e hijo practiquen el headbanger durante las casi dos horas y media de show. Sólo ellos tienen el poder de mantener una comunión única con el público. Y van 37 años. Algún día acabará pero entonces, como siempre, Metallica será Metallica. El resto sólo lo intentará.



Sábado y lunes el Wizink Center registró una enorme entrada, batiendo
récord de espectadores en la segunda jornada.
Asistimos a la doble descarga del Hardwired Tour que el cuarteto californiano brindó en la capital, previamente teloneados por unos más que notables noruegos Kvelertak que merecieron ser el actor secundario de la obra que estaba aún por llegar. Hay que decir que Metallica no pisaba suelo español desde 2012, año en que subieron a un escenario de la Comunidad de Madrid por última vez, no así de la capital, que data de verano del 2009 con también dos días (esta vez seguidos) ofreciéndonos su anterior trabajo "Death Magnetic". Entonces también estuvimos de cuerpo presente. En cualquier caso, demasiado tiempo sin Metallica como apuntó el respetable James Hetfield.

Las pantallas cúbicas dieron mucho juego y acompañaron
a la perfección cada tema.
En esta ocasión tocaba lucir el nuevo trabajo, "Hardwired to Self-Destruct", y vaya si lo hicieron, pues metieron 7 y 6 temas, respectivamente, en los setlist  de ambos días. Ya que se trataba de estrenar y lucir también lo hicieron con el flamante escenario central equipado con pantallas cúbicas superiores que subían y bajaban proyectando todo tipo de imágenes del hoy y del ayer a golpe de dibujos, recuerdos, efectos y demás estrambótica parafernalia. Todo cuidado al mínimo detalle; a Metallica nada se le escapa. 

He aquí la prueba del récord de asistencia. ¿Alguien duda?
Poco después de sonar los acordes del ya clásico "Ectasy of Gold" del legendario Ennio Morricone, saltaron al escenario los cuatro jinetes, desatados, con la misma energía que a los 20 años, abriendo show con el tema que da nombre al nuevo LP. Un chispazo rápido, corto y potente para acto seguido y sin concesión alguna atizarte con la que va camino de convertirse en santo y seña de sus futuros repertorios, "Atlas Rise", la más heavy del disco, de potentísimo riff, excelente letra y magníficos cambios de ritmo. Para entonces, las masas estaban sedientas de old stuff y Hetfiled, que como Frontman no tiene parangón, nos anunciaba un "Seek and Destroy" que nos volvía literalmente locos y coreábamos al unísino. Casi 17.300 gargantas (récord de asistencia en el Wizink Center, por cierto) que repitieron estruendo como reacción al himno "For Whom the Bell Tolls". 

Uno de los momentazos de la primera noche se lo llevó este niño.
Atila, 7 años, ya puede presumir de foto.
Un apunte más sobre el graderío, y es que sus asientos jamás fueron utilizados pues no había valentía ni ganas de aguantar sentado un minuto semejante descarga de adrenalina musical. Así un tema tras otro: viejos y nuevos éxitos nos iban apabullando ofreciéndonos un sinfín de detalles memorables como subir al escenario a un chaval de... ¡¡¡7 años!!! y de nombre Atila (eso sí que son unos padres heavys joder), momento que le acompañará el resto de sus días. 

Trujillo se lució en su particular homenaje a Burton.
La batucada final de los últimos compases del nuevo "Now that We´re Dead", el emocionante recuerdo al desaparecido Cliff Burton con imágenes suyas en las mencionadas pantallas mientras Trujillo interpretaba a la perfección el solo de "(Anesthesia) Pulling Teeth", compuesto por el fallecido bajista de Metallica. No fue el único tributo, pues en sendos días hubo guiños a grupos legendarios patrios como Obús y Barón Rojo, para deleite de los rockeros más mayores.

Hetfield, el 'frontman' soñado por muchos grupos, pero que sólo
uno tiene. Metallica.
Con todo, aún restaba lo mejor: tres nuevos temazos "Halo on Fire", "Moth into Flame" (con drones al viento haciendo de luciérnagas) y "Spit out the Bone" así como los eternos "Sanitarium", "Creeping Death", "One", "Sad but True", "Fuel", "Fade to black"... una sucesión de riffs incrustados en la memoria y en una retina melódica que estalló en mil pedazos con el tema que nos sumió definitivamente en el averno: "Master of Puppets". Para un servidor, y creo que para el 99,9% de los metaleros es ya no sólo el mejor de sus temas, sino de la historia del Heavy Metal. 

El asalto final dejó como protagonistas a la mencionada y veloz "Spit out the Bone" en la primera cita y la oscura "Blackened" en la segunda para, acto seguido, interpretar un excelso "Nothing else Matters" alzando linternas móviles y sustituyendo a los vetustos mecheros. Sentenciaron en lo más alto, en la cima con "Enter Sandman", el tema que les impulsó al olimpo del que nunca bajaron y cuyo riff principal conoce hasta el panadero.
En los últimos temas la bandera de España con el logo superpuesto de Metallica. Otro guiño patrio junto a las versiones de Obús y Barón Rojo.

Sí, ellos son Metallica, y hemos asistido a un espectáculo gigantesco, con una profesionalidad y organización a la altura de los más grandes aunque uno no deja de sentir también cierta tristeza al pensar que esto, como todo lo bueno, algún día acabará. Hasta entonces James, Lars, Kirk, Robert y el quinto miembro, como gustan llamarnos a los fans, nos citaremos por enésima vez en algún otro lugar para intercambiar energías porque sí, Mr. Ulrich, nosotros tampoco nos cansamos de veros ya que cada vez es mejor, y mejor, y mejor, y mejor... Metallica, siempre Metallica.

Sergio Clemente Rubio