martes, 22 de agosto de 2017

León: Ciudad construida sobre sí misma, provincia templaria y reino del cocido maragato

león-turismo-que-hacer-maragatoVista León de perfil y en sus diversas capas terrestres, estaríamos ante una lasaña en la que cada piso alberga una etapa más o menos gloriosa de la que fuera capital del reino homónimo y con una fecha aproximada de nacimiento, a raíz de un campamento romano: 29 a. C. Más de 2.000 años de historia que confluyen en una visita repleta de coquetas plazas, sorprendentes explanadas y calles ideales para el peatón que encontrará en ellas, además, una de las ciudades y capitales de provincia de Castilla y León más viva y dinámica de cuantas hemos visitado. Y si te sobra tiempo, imperdible el resto de la región. Descubre la ciudad que te hará sentirte orgulloso si algún día te adoptan y definen como cazurro. Hasta en eso han erigido sobre sí mismos una seña de identidad. Orgullo leonés.

En la vista panorámica sólo la Catedral sobresale pero no te dejes engañar:
León es una ciudad repleta de historia  e interés para el viajero.
A veces nos andamos con rodeos, pero en esta ocasión arrancaremos directamente con la recomendación de perderse. Perdeos por las calles, a veces discretas y coquetas, a veces anchas (la conocida con dicho nombre, de hecho, separa el Barrio Romántico del Barrio Húmedo) pero siempre repletas de historia y atractivos. No es exageración, es realidad fundamentada en que desde antes de Cristo León se ha reconstruido sobre sí misma, hoy día muchísimos edificios ocupan la misma parcela que otrora hicieran otros puntos de interés o principales en la vida de la ciudad y todo ello contribuye a un sentimiento y una identidad que, ya milenarios, parecen casi eternos.
La de Burgos cierto es que nos encantó, incluso la de Valladolid, pero hay que reconocer que los leoneses han sabido
elegir muy bien la ubicación de su Catedral para que brille con luz propia.
Con la Catedral (imponente y majestuosa, no la más grande pero sí la mejor tratada por ubicación y alrededores) como testigo al final de dicha calle Ancha de la separación de barrios, y la Casa Botines (estilo gaudiano que a muchos no gusta por no ir acorde al resto de la ciudad pero una pregunta ¿desde cuándo Gaudí lo ha hecho? Disfrutad, sin más) al "principio" de lo interesante, a ambos lados encontraremos gastronomía, monumentos y recorridos interesantes.

El inconfundible estilo gaudesco destaca en el lateral de la principal arteria de León: la
calle Ancha.
Antes de continuar, como en otras ocasiones, poco desvelaremos en cuanto a datos pues sin duda lo más recomendable es contratar una de las visitas guiadas para obtener una primera impresión e imagen de toda la ciudad para, en horas o días posteriores, zambullirnos en lo que más atrajo nuestra atención. Así que con esto último iremos. Bajando sobre el mapa desde la Plaza Regla nos asomaremos al León moderno y romántico que de un tiempo a esta parte se ha reinventado -insistimos, los leoneses son expertos en esta faceta- convirtiendo la Plaza de la Bicha (en realidad, Plaza San Martín) en un referente del tapeo en el que morcilla, picadillo de chorizo y cecina no pueden faltar. 


El Consistorio se erige en la Plaza Mayor y su nombre invita al engaño:
no es el Ayuntamiento de la ciudad y apenas lo fue durante un tiempo.
Antes habremos topado con la Plaza Mayor de León, quizá no la más bonita pero que nuevamente goza de una iluminación natural excepcional así como de un sentido de libertad único debido a su amplitud. Este rasgo se dispara en otra plaza muy querida por los locales pero aún algo desconocida para el visitante, la Plaza del Grano, que junto a las dos anteriores configura los espacios más importantes por los que perderse en la "mitad sur" del plano de León. Entre medias, calles de escasa complicidad en cuanto a la localización y disposición y plazas minúsculas pero embriagadoras se reparten para dar descanso al transeúnte e incrementar las excusas para hacer un alto y contribuir a la dicharachera vida leonesa. Preguntamos si era algo estacional o constante y nos garantizaron que León SIEMPRE goza de atmósfera y ambiente excepcionales, lo que nosotros traducimos en una ciudad sin aglomeraciones ni saturación pero con la suficiente vida como para que uno no se aburra, haga lo que haga. 

La Basílica de San Isidoro, especialmente querida por los leoneses,
nos encantó ya desde su fachada.
Subiendo algo más a la izquierda sobre el mapa y tras echar un vistazo al Palacio de Conde Luna accederemos de nuevo a Casa Botines hasta alcanzar el parque del Cid, personaje que tampoco es santo de devoción de los leoneses y que, sin embargo, recibe un pequeño pulmón y respiro urbano escoltado en uno de sus laterales por la muralla leonesa. Incompleta "gracias" a la Catedral, el estado de conservación de la muralla romana aún existente así como las vistas de, sin ir más lejos, la mencionada Casa Botines hacen de esta construcción otro de los menesteres de la ciudad. En el camino encontrarás los Cubos (parte de la muralla con objetivos defensivos) o el Arco de la Cárcel (en uno de los accesos) que harán más reveladora tu visita al León romano. Si te preguntas el porqué de la etiqueta "Barrio Romántico", espera a escuchar tus pisadas y el eco de vuestras voces -o susurros, depende del grado íntimo de vuestro grupo- a medida que avanzas por los rincones mencionados o, por ejemplo, caminas hacia la hermosa Basílica de San Isidoro.

Plazas y más plazas. Grandes, pequeñas, coquetas o imponentes, León
las distribuye y cuenta por decenas y pese a la vida de la ciudad
resultan tranquilas y apaciguadoras.
Como podéis comprobar, sin detalle ni profundidad y con apenas cuatro puntos de interés destacado sobre el resto tratamos de transmitir todo el encanto y el cúmulo de sensaciones que nos engatusaron de León. Con un repaso histórico brillante y un cultivado arte de renovarse, no es de extrañar que el leonés lamente que la población más joven haya entrado en una peligrosa corriente de emigración laboral y heredada de la crisis más aguda de cuantas hemos sufrido, pues una ciudad se mantiene con turistas pero se construye con autóctonos. Queremos que el cazurro perdure por los siglos de los siglos pues son pueblos y culturas así las que nos muestra que, lejos de arrepentirse de la historia vivida -León quedó muy tocada en ámbitos de población en era de ocupación musulmana- hemos de saber adueñarnos de ella y tomar las riendas (la Reconquista vivió una etapa gloriosa cuando León se convirtió en capital del reino homónimo) sin necesidad de borrar su legado sino, fijaos que sencillo, retocándolo y sirviéndolo a las futuras generaciones. Desde hoy somos un poco más cazurros.


Ponferrada, Astorga y Casa Maragata, el hogar del cocido homónimo


El atractivo turístico e histórico del castillo templario de Ponferrada
es innegable.
Si León es cuna de la presencia romana en la provincia, Ponferrada hace lo propio con uno de los castillos templarios mejor conservados y con mayor legado de la Orden en su interior. Su visita es CRUCIAL en tu escapada -además de las instantáneas desde fuera, en lo alto de una de sus torres o en el interior- tras establecer León como base, aunque habrás de detenerte en el camino en Astorga. Más variado aún que la primera en Plaza Mayor, calles e iglesias, presencia y referencias al Camino de Santiago, parques y vistas, este pequeño municipio condensa en escasos metros cuadrados todo lo que un viajero puede pedir con el excepcional guiño gastronómico del cocido maragato, servido como nadie en Casa Maragata I y II.

Una docena de carnes aguardan en el primer plato del cocido maragato... ¡se nos van los ojos!
La atmósfera de Casa Maragata invita a la nostalgia y crea un acogedor
ambiente.
Más de dos décadas haciendo cocidos y siendo éste el ÚNICO plato de su carta sólo podrían significar dos cosas: o que turistas de todo el mundo así como locales son estúpidos borregos que no saben valorar la comida y pagan por la espiral del grupo o, lo que realmente sucede, que dos generaciones de familias "cocideras" han alimentado a miles, seguramente decenas de miles de estómagos que, satisfechos, han alabado la región así como este pueblo maragato. No peques, madrileño, de menospreciar un cocido de fuera de nuestro territorio pues éste, aunque sólo sea por la disposición, ya merece una oportunidad: se sirve al revés, con los vuelcos invertidos vaya: primero la carne, luego los garbanzos y la sopa como remate final.

El segundo vuelco es impresionante por cantidad e intensidad del sabor.
Una decena de productos aparecen en la primera bandeja que, avisamos, es la menos generosa de toda y sin embargo bien podría alimentar ya a una pareja de comensales. El chorizo es ESPECTACULAR pero la gallina o el tocino excederán siempre las expectativas hasta del más ambicioso. Redoble de tambores para recibir -y os habla un adicto a los cocidos- los MEJORES garbanzos de cuantos he probado, con un sabroso toque de pimentón y verdura en guarnición que, para muchos, es el favorito de este segundo plato. De igual forma insistimos que las cantidades son casi desmesuradas así que, recordad, ACUDID con hambre para disfrutar como se debe de Casa Maragata
Que no te engañen: el puchero de sopa es tal cual, pero el plato que ves de garbanzos es lo que nos trajeron
cuando pedimos repetir (sí, somos unos salvajes... ¡pero ellos más! El original lo tienes más arriba.

Por último, si tu estómago no está temblando y aún quiere más, una ligera sopa de suave pero intenso sabor que redondea la experiencia con permiso del postre, unas suculentas natillas caseras con roscón maragato. Todo por 22 euros y medio por persona (bebida, pan y postre incluidos). 


Cabe mencionar el tamaño de las infusiones... ¡y eso que la pedimos
para 'bajar' el resto de la comida!
Con el estómago lleno y las papilas gustativas de fiesta, tómate unos segundos para recorrer visualmente los numerosos detalles que visten las paredes de ambos locales lo que, unido al plausible servicio de TODO el personal y en TODO momento -lo cual tiene aún más mérito teniendo en cuenta que en ocasiones se juntaron con medio centenar de cocidos en comanda- hacen de Casa Maragata ya no un imprescindible de tu visita a la región de León, sino una de esas experiencias que deberían estar contenidas en los manuales de "1000 lugares que visitar" o "1000 cosas que hacer" antes de morir. Que nadie te cuente en el otro barrio cómo estaba el cocido de Casa Maragata.
Astorga es un enclave precioso para pasear y, de paso, digerir el cocido maragato.

Jesús Clemente Rubio