martes, 18 de febrero de 2014

Las Cuevas de Sandó: Las elegantes entrañas de la capital


Lo importante está en el interior. No existe frase con más razón ni tampoco más hipócrita, al menos cuando a gustos y personas nos referimos. Pero si hablamos de una ciudad como Madrid, que rebosa vida y, según donde se mire, belleza en toda su superficie, el dicho popular adquiere su mayor relevancia: más allá de lo que se ve, la capital esconde decenas de rincones ajenos a la primera vista, generosos con el que se aventura a descubrirlos. En las entrañas de nuestra urbe no sólo hay 12 líneas de Metro, existe un rincón para aquellos que saben mirar más allá, indagar, ver un famoso y céntrico hotel y preguntarse si es tan sólo un lugar donde alojarse. Lo habéis visto cientos de veces al pasar por la Plaza Santo Domingo, "Hotel Mercure", pero hoy os contamos lo que se os pasó por alto: la coctelería "Las Cuevas de Sandó".


Corrijo: restaurante y coctelería. Incluso, unos metros más arriba, "La Barra de Sandó" es la que saluda al turista -muy asiduo entre semana- o al local -viernes, sábados y domingos- tras plantar la palma de su mano sobre la puerta para abrirla. El moderno  sistema de apertura nos lleva a unas escaleras que, de seguir recto, finalizan en el lujoso restaurante; de él daremos cuenta otro día. Nosotros elegimos torcer a la derecha, internarnos en la "batcueva" de Madrid, seguir una enladrillada pared hasta un recogido espacio de singular barra y coloreado suelo, gracias a la combinación de focos y luces. 

Más de 40 combinaciones. El 'Boxeador' sin alcohol está riquísimo.

La entrada es elegante
a la par que indiscreta.
Y la mejor bienvenida no fue esa: Nacho y su equipo destilan carácter acogedor sin agobios ni simpatías artificiales. La profesionalidad es la misma para todo el que llega, luzca como luzca, tome lo que tome. Sobre lo que pedir, más de 40 combinaciones te esperan en una carta generosa con las ginebras -tan de moda, aquí desde las más básicas hasta las premium-, cócteles con o sin alcohol y, claro, refrescos y vino. Los precios parten de los 5 euros, no olvidemos que pagas sitio y servicio, pero desde luego merece la pena terminar, alargar o finiquitar la noche sentado en una de las tres estancias en las que se reparte la bodega, además de la que acoge la pequeña barra. Sobre la compañía no te preocupes; los miércoles puedes encontrar convertido el local en un fortín alemán o inglés siguiendo la Bundesliga o la Premier, mientras que en fin de semana el ambiente se torna más cosmopolita y aunque los grupos grandes siempre son bienvenidos, las parejas encontrarán en los sofás y pufs un ambiente ideal para sus coqueteos, flirteos y conversaciones nocturnas. No obstante, un gigantesco "LOVE" preside cada sala.

El amor ('Love') preside cada sala de la bodega,
interconectadas por bellos arcos.
Si contamos con el restaurante, el propio hotel y en verano la terraza con piscina, sin duda el complejo bien daría para ocupar todo el día y merecería todas las etiquetas del blog: de igual manera, os aseguro que una velada en "Las Cuevas de Sandó" con tamaño servicio, semejante ambientación y calidad en los cócteles no sólo te salvará más de una noche sin plan: más bien será un plan para el resto de tus noches.

otiuMMaximus

- Ver un partido en el subsuelo de la capital debe de ser toda una experiencia.
- Ve con tu potencial conquista: si no se enamora de ti, al menos lo hará del sitio.
- El servicio. Educado, profesional y sin agobios ni dejadez.

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-¿Dónde? Las Cuevas de Sandó. Plaza de Santo Domingo, 13. 91 547 99  11. ¡Trata de reservar porque muchos días que se llena!
-¿Cuándo? Abierto todos los días.
-¿Cómo? La Plaza de Santo Domingo posee alrededor 3 parkings diferentes (ojo, el que se encuentra bajando por la Cuesta de Santo Domingo es una verdadera estafa, 3 euros la hora por un parking repleto de estrecheces y dificultades y con un trato nefasto y personal escaso) y decenas de plazas de estacionamiento regulado. En Metro, L2 (Santo Domingo).
-¿Cuánto? Consumición a partir de 5 euros, cócteles desde 7 hasta los 13 y 15 de las ginebras.

Jesús Clemente Rubio