lunes, 20 de enero de 2014

Tablao Las Carboneras: Tacones cercanos


Es curioso cómo somos los españoles a veces. Porque ni franceses ni italianos se olvidan de su patrimonio pese a copar la Torre Eiffel o la de Pisalas fotos de los turistas con las mismas poses de siempre. Al fin y al cabo, son símbolos inequívocos de su cultura y embajadores de piedra de cara al resto del mundo. Pero nosotros preferimos relegar tradiciones tan sagradas, emocionantes y pasionales como el flamenco a los círculos “guiris”, en lugar de proclamar el orgullo que sentimos por nuestras raíces folclóricas y disfrutar de una de las mejores ofertas que podemos encontrar en toda España: la de los tablaos de Madrid. 
Antes de que la farándula, el “pantojismo” y el cotilleo más circense se consoliden como nuestras reseñas culturales, haced un favor al país y a vosotros mismos y dejáos caer por una de estas joyas culturales. El Tablao de Las Carboneras se convirtió en ese tipo de cosas que, por muchos años que vivas y múltiples experiencias que acumules, jamás olvidarás. Orgulloso de ser español.


Elijamos la mesa que elijamos,
la visibilidad es perfecta en todo momento.
Siete y media de la tarde. Primera sesión de las dos diarias, seis días a la semana, que programa “Las Carboneras”. Entramos y parece aquello una convención asiática; sonrío al pensar en el inequívoco tufo a turista que desprende siempre el flamenco -“¡óle… óle!” le gusta gritar al turista-. Una hora más tarde, mi semblante caminaría a la tristeza al comprobar lo que los propios españoles y madrileños nos perdemos por semejante prejuicio.

Todos ellos están sentados, sonrientes y expectantes, saben que lo que van a ver puede que lo disfruten por primera y última vez, así que, sangría en mano, aguardan a que comience el espectáculo. Da igual donde hayan sido ubicados: la disposición del escenario es tan privilegiada como la situación del tablao, compartiendo su rasgo más distintivo: céntrico. En un mapa de la región, “Las Carboneras” se sitúan en pleno centro, pegaditos al “Mercado de San Miguel”. En el local, el escenario dibuja un semicírculo en pleno centro de tal forma que todos los asistentes gocen de excelente visibilidad durante el espectáculo.

'Merchandising' de todo tipo aprovecha
la fuerte demanda turística.
Mientras éste comienza, tiempo hay de maravillarse con la minimalista y llamativa decoración, a golpe de chaquetas y vestimentas con artistas estampados en ellas –ornamentación de la que, por cierto, cuelga una etiqueta que te dice por cuánto es tuya- o bien del sublime servicio. Enrique, uno de los encargados del negocio y de sonrisa eterna –invito al que consiga quitársela-, es un fiel reflejo del equipo que comanda: siempre atento sin agobiar, dispuesto a atender cualquier demanda de los clientes y, por supuesto, un trato cercano y diferenciado para cada cliente, mostrando un interés real e individual por sus peticiones o historia. No obstante, son muchos los que le cuentan cómo oyeron hablar de “Las Carboneras” en la otra punta del mundo.

Pequeños detalles que
engrandecen el local.
Así es, la mayor parte del público, especialmente en un pase en el que espectáculo y cena comienzan alrededor de las 20 horas y finalizan a eso de las 22:15, es foránea y uno asiste sorprendido a cómo el “boca a oído” es un incansable viajero capaz de recorrer miles de kilómetros. Pero volvamos al asunto cena, pues una práctica recomendable y obviamente ideal es llenar el buche para dedicar nuestros cinco sentidos al espectáculo, y no intentar compatibilizar ambos. Los ocho artistas que se suben al escenario merecen toda nuestra atención. Así pues, con tostas desde 3,20 euros y raciones desde 11 euros, el comensal se deleitará con jamón de bellota y queso brie o salmón ahumado y cebolla caramelizada, amén de un generoso plato de huevos rotos. Como puedes comprobar, precios bastante asequibles para tratarse de este tipo de locales, que contrastan con las bebidas, desde los 6,70 euros que cuestan agua y refrescos en adelante. 
¿Te gusta? Si quieres y puedes pagarlo, es tuyo.

Un consejo; la entrada al espectáculo incluye una consumición, y son muchos los que aprovechan ésta para convertirla en acompañante de toda la cena. No se trata de escatimar, pero tampoco de beber por beber a tales precios. Así pues, por idealizar la velada, los 33 euros del espectáculo + consumición y los 10 por cabeza que pueden resultar de la cena suponen una factura correcta y que empequeñece al lado de lo que estamos a punto de ver.

Sangría, palmas, cante y taconeo. El turista se sorprende, el local se emociona.
Porque los artistas salen, las luces se apagan y, mientras voces y guitarras carraspean y afinan, respectivamente, la expectación crece, incluso la ilusión por descubrir el verdadero alcance de uno de los pilares de nuestra tradición cultural. Y arranca. Comienza una sucesión de números a caballo entre el taconeo, el cante y el rasgueo que logra abstraerte de todo cuanto te rodea. Ya no hay local exquisitamente decorado, ni turistas agolpados en busca de nuestro tesoro nacional, sólo arte y pasión. 

La cercanía permite al artista transmitirlo todo
a través de la expresividad.
Da igual que seas un amante del género o un enemigo del folklore, si al César le dimos lo que le pertenecía desde luego que la Hispania que gobernó merece colgarse una medalla por semejante riqueza. No olvidemos que casi 10 artistas están exhibiendo su “obra” a escasos metros de nuestros ojos, reuniendo la fuerza expresiva del teatro con elementos del mejor musical, “magia de cerca” que dirían los amantes del conejo y la chistera. Y todo por la misma o inferior cantidad que la entrada a los espectáculos recién citados. Sin duda merece reportaje y descripción aparte cada uno de los números, pero por muchas y muy buenas que fueran las palabras nunca harían justicia a lo que sentí. A lo que sentimos las más de 50 personas allí congregadas. Así que de vosotros depende convertiros –o seguir siendo- en uno de esos ilusos que viajan al extranjero y exploran hasta el último rincón y costumbre del lugar y luego desconocen por completo su entorno más inmediato (Madrid, tablaos, etc), o bien redescubrir tu ciudad para toparte con uno de los legados culturales más llamativos y sonados en todo el mundo y que, casualmente, nos pertenece. Porque España, más allá de corrupción política y sindical, bipartidismo estancado, fútbol y crisis, es arte. Porque España es flamenco.
Los protagonistas de la velada.
No te pierdas nuestra entrevista a Enrique , responsable del tablao “Las Carboneras”, muy ilustrativa sobre este tipo de espectáculos y locales. Próximo enlace aquí


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- El diseño del local apuesta por la máxima visibilidad y la mínima y exquisita ornamentación.
- El servicio, en nuestro caso con Enrique a la cabeza, le hace sentir a uno como si llevase el bolsillo lleno. Trato de jeque para todos los públicos.
- El espectáculo. 8 artistas a menos de 5 metros y durante 2 horas. ¡Arsa!

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-¿Dónde? Tablao Las Carboneras. Plaza Conde de Miranda, 1. 91 542 86 77. www.tablaolascarboneras.com
-¿Cuándo? Dos pases todos los días salvo el domingo: L a J, 1er. Pase; Cena a las 19:30 y espectáculo a las 20:30; 2do. Pase: Cena a las 22:00 horas y espectáculo a las 22:30. V y S, 1er. Pase: Cena a las 19:30 y Espectáculo a las 20:30. 2do. Pase: Cena a las 22:00 horas (presentación del artista invitado) y Espectáculo a las 22:30
-¿Cómo? Su céntrica situación facilita el acceso por transporte público (Metro L2 Ópera ) aunque también en vehículo particular (aparcar por la parte trasera de La Almudena o Calle Segovia).
-¿Cuánto? 33 euros espectáculo + consumición. En la cena, tostas desde 3,20 euros y raciones a partir de 11,40. No te engañes: pagas mucho más en ciertos musicales y conciertos y la experiencia es totalmente distinta.

Jesús Clemente Rubio