lunes, 16 de diciembre de 2013

REFLEXIO: Que nunca hablen de mí en pasado


Muere, o fallece para los que no quieren llamar a la de la guadaña por su nombre, Nelson Mandela. Y de la noche a la mañana se suceden actos, declaraciones, reportajes, entrevistas, artículos, editoriales plagados de vida y obra del que fuera presidente sudafricano, con matices y estilos diferentes pero un denominador común: la alabanza. Todo se ensalza, incluso su pasado más radical y violento transformado tras los barrotes en una lucha de mayor esfuerzo y desgaste: la vía pacífica. "Madiba", o también el actor Paul Walker (cuyo trabajo en "Horas", por cierto, es brillante) son sólo excusas para denunciar una de las peores costumbres del ser humano, la de llenar de florituras y buenas palabras el cuerpo sin vida de alguien. Probablemente, de preguntarle, Mandela elegiría haber visto estos extraordinarios repasos a su labor en vida, habría elegido recibir la visita de cuantos allegados acudieron al funeral mientras gozaba de salud y aliento, habría elegido a los demás cuando aún podía darles como réplica un "yo también te quiero". 


La muerte no cambia al que se va, éste simplemente se marcha. Pero el resto sufre una metamorfosis que le devuelve a la dimensión humana, aquella en la somos generosos, cariñosos y cercanos con alguien... lástima que se necesite una desgracia para despertar ese "extra" de humanidad. Al final, llegamos tarde, justo a tiempo habría sido llegar al principio.

Al final, de todo y todos hablamos en pasado, más que por aquello de cualquier tiempo pretérito fue mejor, porque parece que en presente no sabemos. Ojalá nunca hablen de mí en pasado, pues eso significará dos cosas: que ya no respiro, y que todo lo que un día pudieron decirme no lo hicieron y ahora lo lanzan de manera atropellada al aire, como si el viento fuese a llevármelo al otro barrio. Levantad el teléfono, abrid el whatsapp o, mejor aún, quedad... pero ponéos en contacto con esa persona a la que tanto le dirías si se fuera, y hazlo mientras sigue aquí. Te lo agradecerá.

Jesús Clemente Rubio