Ir al contenido principal

Monsieur Sushita propone un viaje alrededor del mundo con su local y sushi

 

Volvemos a Monsieur Sushita bajo la premisa de que el grupo nos invita a recorrer mundo en cada uno de sus restaurantes. En Monsieur topamos con lámparas de cristal de Murano, mobiliario de la Francia sureña y motivos ornamentales de carácter árabe propios del cercano Marrakech. Pero nuestro destino siempre fueron Asia y su comida japonesa y, una vez más, no defrauda. Una carta apta para cualquier paladar.


Una espectacular bienvenida en fachada y pasillo inicial aventura una experiencia culinaria a idéntica altura. Monsieur Sushita volvió a sorprendernos -Sushita siempre lo hace con sus novedades o vueltas de tuerca en carta- esta vez con unos baos de Wagyu espectaculares. Buen emplatado, bien rellenos de carne y acompañados de huevo para ensalzar el conjunto. Claro que es imposible olvidarse y obviar los nigiri, a cual mejor, desde el salmón flambeado hasta el pez mantequilla y uno tan simple que se convierte en extraordinario por su calidad: el sabor del atún es demencial.



Conviene cerrar el capítulo de nigiri con los que quizá no gusten a los más puristas por "salirse de la norma" pero que son de obligada comanda en Sushita: los de huevo de codorniz con chanquete resultan adictivos e indispensables.
Pero es que en los dumplings Sushita se hace competencia a sí misma, porque son igualmente sabrosos y recomendables. Los Dim Sum de butifarra y los de chipirones en su tinta rinden enorme tributo a los productos que les dan nombre, misma valoración para las gyozas de churrasco a la barbacoa. Un pase que siempre conviene abrir o culminar con los rollitos de pato con salsa hoisin, vienen 6 unidades pero bien podríamos dar cuenta de una docena. 




Imposible irse de Sushita sin probar uno de los mejores postres de todo Madrid. La tarta árabe sigue en plena forma. Esta vez, además, parece que oyeron nuestro único "pero" de aquella última visita y echaron crema pastelera a conciencia entre lámina y lámina. Una experiencia audiovisual que comienza con el emplatado en mesa, sigue con el crujiente sonido al trocearla y termina en tu paladar en una explosión dulce. No sabemos si recorres mundo pero, desde luego, paseas por las nubes con semejante final gastronómico. 


Jesús Clemente Rubio