Volvemos al callejón gastronómico de Madrid, volvemos a Nuga Castellana. De cuyas entradas varias apenas te percatas cuando pasas por ahí, cuyo interior sorprende por ser un oasis en mitad de una de las avenidas más frecuentadas por los madrileños y, por ende, más ruidosas. En Nuga todo cambia, desacelera, invita a relajarse, disfrutar del espacio y si ya probamos la buenamesa de Vrro , esta vez cambiamos de acento, que no de lugar, y nos desplazamos unos metros hasta Ditaly. A la altura del espacio que lo alberga.