Viajamos a la capital rumana para toparnos con una ciudad y un país históricamente pretendido por numerosas fuerzas pero que siempre supo sobreponerse a dichas amenazas. O, al menos, lidiar con ellas cual prestidigitador yendo y viniendo según las promesas o el sino de los bandos. Incluso cuando aún no eran única nación sino un puñado de regiones que sabían de la fuerza que sumarían de vincularse con sus vecinos. Tierra de leyendas vampíricas con poco fundamento más allá de la mente de un escritor que ni siquiera pisó Transilvania, compuesto por muchas ciudades que cambiaron hace tiempo el gris soviético por coloridas fachadas. Que ha aprendido a mirar hacia adelante en lugar de estancarse mientras se lame las heridas, las últimas datan de 1989 y uno de los peores dictadores que se han conocido. Tiene tanto que contar Rumanía y tanto que escuchar el viajero que aquí condensamos varias cosas que hacer en su capital en 3 días para dejar paso, en una segunda publicación, a las dos escapadas más famosas –y recomendables- desde Bucarest.
Volar a, moverse por y dormir en Bucarest
El apartado logístico resulta más sencillo que nunca dada
nuestra grata experiencia en los tres apartados. Dos de ellos responsabilidad
de Wizzair, que trasciende la aerolínea para, con su nueva rama Holidays,
proporcionar también hotel al viajero entre un enorme surtido de opciones,
categorías y localizaciones. En nuestro caso, algo más económico que otros,
optamos por un hotel situado a unos 12 kilómetros de Bucarest pero que sin duda
mereció la pena por instalaciones, comodidad y cercanía a tiendas y servicios.
Pero vayamos por partes.
Sobre el vuelo hay que decir que la apuesta de Wizzair por el mercado español, con bases inminentes en Madrid, Valencia y Santiago de Compostela, quedó fuera de toda duda hace tiempo. Número de rutas y destinos, frecuencias y aviones que con las bases apuntillan una fuerte creencia en el potencial turístico de nuestro país. Y el beneficiado, como siempre, el usuario: precios muy competitivos para un viaje de 3 horas y media ida y más de 4 horas vuelta pese a la situación actual de carburantes debido entre otras cosas a los conflictos geopolíticos. La interfaz web, intuitiva y sencilla; la información en la misma, al detalle y actualizada cada minuto, sabiendo nosotros del retraso en nuestro vuelo de ida nada más amanecer en el día de salida, lo que nos permitió apurar en domicilio y así evitar esperas en cualquier rincón del aeropuerto. Las opciones a bordo, suficientes para llegar bien comidos y los asientos con llamativa anchura y distancia con respecto a los de enfrente.
En definitiva, una compañía muy a tener en cuenta que, como
os decíamos, puede prolongar su positivo servicio al usuario una vez toque
tierra en destino. Apenas llegamos a Bucarest y Uber localizó a nuestro
conductor, nos dirigimos inmediatamente al alojamiento seleccionado, Elitte Inn
& Suites, apartamentos vacacionales con aire –recepción 24 horas, restaurante
en la azotea- y servicios de un hotel. Nuestro dormitorio fue inmenso, con un
generoso salón donde se ubicó el sofá cama y una habitación igualmente notable
con cama tremendamente cómoda. Cierto es que tuvimos que pedir doble colchón
para el sofá cama porque notábamos hasta el patrón de dibujo del que nos habían
puesto. Pero una vez resuelto, de manera inmediata como todo lo que pedimos, la
experiencia resultó muy placentera por una limpieza excepcional, un baño
moderno y acogedor y un ruido nocturno casi inexistente. Ventajas de alojarse
fuera del centro.
El remate llegaba cada mañana con el desayuno, completo, con
opciones saludables, quizá repetitivo si uno está una semana pero para tres
días más que suficiente. Buen surtido de cereales y opciones dulces, ensaladas,
yogures naturales, huevos a la plancha y otras referencias si uno quiere
cuidarse también en vacaciones.
Con los dos detalles logísticos de todo viaje satisfechos por Wizzair desde su página web y en los primeros compases de la escapada, esto es, vuelo y hotel, quedaba atar el transporte en destino. Y si recordáis líneas anteriores mencionaba Uber: no os molestéis en metros o autobuses salvo que queráis experimentarlos al menos una vez. Uber es económico (los viajes en el centro nunca llegaron a los 4 euros, los más alejados 10 euros de media), es rápido, es sencillo y es cómodo. Con notable ventaja de precios sobre Bolt, que seguramente os hayan indicado y habréis leído que es el más barato. Ninguno de los 15 viajes que hicimos ratificaron esa afirmación. En todos siempre resultó ganador Uber en términos de precio, aunque quisimos probar la competencia. Bolt también se vio superada por funcionamiento de la aplicación y tiempos de espera.
Más información en
https://www.wizzair.com/es-es
https://elitte-inn.ro/
https://www.uber.com/global/es/r/cities/municipiul-bucuresti-bucuresti-ro/
Primer día: centro histórico
La PIata Unarii bien puede ser apertura y cierre de tu primer día completo en Bucarest. La apertura porque es un buen lugar en el que iniciar tu periplo por la capital rumana desviándote primero hacia la Gran Sinagoga, un paseo no muy largo pero quizá te deje apático cuando la veas. No te quedes en el ámbito estético y sumérgete en la historia que cuentan sus paredes y monumento frente al edificio.
De templo a templo, nos moveremos del judío al primer gran complejo ortodoxo de Bucarest: la Curtea Veche, Corte Vieja, primera corte real de la ciudad que cayó en desuso tras un incendio y un terremoto del siglo XVIII y que ahora alberga el Palacio del Varón y la Iglesia de la Anunciación, la primera de corte ortodoxa que visitaremos con un bonito pórtico de piedra como acceso a un interior donde la imagen de San Antonio espera a numerosos fieles, que hacen cola para pedir, rezar o dar gracias. Apenas salgamos de complejo conviene fijarse en una lámpara que cuelga de la fachada de enfrente y bajo la que reza un cartel: se trata de una de las lámparas originales que iluminaron las calles desde la histórica posada en la que nace.
Hanu' lui Manuc construido entre 1804 y 1808 y que aún hoy conserva una atmósfera tradicional de la época de los
caravasares. No te quedes en el envoltorio, accede al interior para viajar en
el tiempo al medievo rumano.
Van Gogh y los maestros del roll
Toca descanso, y que no sea por opciones. En esta zona podéis encontrar uno de los locales de Rollmaster, franquicia especializada en el sushi en formato roll y también makis, sin olvidar otros bocados asiáticos como los tallarines. Nosotros optamos por una de las bandejas que mezclan ambas referencias y añadimos una cajita de tallarines y el resultado, además de copioso, fue excelente.
Tanto es así que decidimos coger un Uber (insisto, no hay mejor opción para tus desplazamientos) hasta el parque Carol I, uno de los pulmones de la ciudad, donde además de mucha sombra y espacios para el recreo infantil topamos con grandes explanadas donde improvisar un picnic patrocinado por Rollmaster.
Más información en https://roll-master.ro/en
Si prefieres quedarte por la zona anterior y algo más
rápido, aquí va uno de los rincones imperdibles e “instragrameables”: el café
Van Gogh. El puntillismo del bueno de Vincent viste un artístico local de dos
plantas –la tercera no es visitable- con buenos precios y más si lo que haces
es limitarte a un cóctel o un buen café. Un reposo necesario antes de
reemprender la marcha en busca de más establecimientos de hermosa factura,
ambiente chic y buenas vibras.
El corazón de Bucarest: Lipscani
El epicentro de la actividad local y visitante, la milla de oro de los bares y restaurantes más originales –hay hasta un phantom café con Escape Room terrorífico- se llama Lipscani. Aquí convergen grandes calles que perimetran una zona hecha para el recreo, el ocio, el disfrute y el turismo, claro.
Grandes edificios como el banco de Rumanía, callejones que se pierden en el horizonte, el Palacio CEC imponente y majestuoso y justo al lado un viaje en el tiempo con el Monasterio Stavropoleos, fiel reflejo del culto ortodoxo que impregna todo el país.
Un lugar de recogimiento pero también de aprendizaje sobre esta manera de entender el cristianismo así como la configuración básica de los templos de culto. Lipscani, en la que hasta las librerías son visitables como la Carturesti Carusel, es cortada por la gran Calea Victorei, donde nada más llegar si miramos a la izquierda encontramos el Museo de Historia Natural. Otro edificio más a la lista de enormes, de buena estética y excelente mantenimiento.
Llegados aquí el consejo es después girar a la derecha y ascender por la avenida dejando el Palacio Telefónico detrás para sumergirse en los pasajes Macca Vilacrosse y Victoriei. El primero de factura artística y con coquetos bares para sentarte bajo un techo de bella arquitectura; el segundo para tomarte igualmente algo en locales “cool” pero cambiando el techo por decenas de paraguas que dieron fama al pasaje. Antes de finalizar nuestro primer día en la Plaza de la Revolución y el Ateneo, sigamos hacia el norte de la Calea Victoriei para llegar al “brunch all-day” que descubrimos y nos conquistó en Budapest y que en Bucarest, hemos certificado, es el mejor en lo suyo. Sin ningún ápice de duda.
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Más información en https://www.cookiebeacon.com/stores-romania
Un leu para el Atheneum… y el último discurso de Ceaucescu
Situado cerca del Palacio Real y la Biblioteca de la
Universidad, el Ateneo Romano es un santuario de la cultura que apareció en un
momento de modernidad de Rumanía, en concreto el 26 de octubre de 1888. Fue
construido en tan sólo 16 meses pese a que tuvo problemas de financiación. La
asociación rumana del Ateneo, encargada de impulsar el proyecto, se quedó sin
dinero para terminarlo y lanzaron el eslogan Un leu (la moneda rumana) para el
Atheneum… y resultó. Incluso una canción que hablaba de que tengo un leu y
quiero bebérmelo, esto es, comprar alcohol con él, se transformó en tengo un
Leu y no me lo quiero beber, sino lo quiero para el Ateneo. El arquitecto
francés Albert Galeron, por
recomendación del también francés Garnier, se encargó de un diseño que muestra
un espacioso hall de entrada rodeado de columnas que imitan el mármol rosa, en
realidad es estuco. Cuatro escaleras en espiral llevan a la planta superior y
acceso al extraordinario y coqueto auditorio. Una quinta escalera central da
mayor profundidad al hall de entrada. No te marches sin contemplar su
extraordinaria fachada casi llegando a la Plaza de la Revolución, la mejor
fotografía de tan imponente edificio.
Y nos quedamos en esta plaza, en la que la descomunal estatua ecuestre de 13 metros y 13 toneladas de bronce de Carol I, primer rey de la Rumanía unida, mira de frente al Palacio Real y deja a la izquierda el monolito que conmemora la revolución contra la dictadura comunista de Ceaucescu. Enfrente está el balcón donde pronunció su último discurso, ese dirigido a desarmar los ánimos de las multitudes a las que pudo más el hambre que el miedo y decidieron gritar ¡basta! Y así fue. El dictador, sorprendido por una respuesta que no sofocaba su ejército, que ya no era suyo, marchó a la azotea del Comité Central y cogió un helicóptero…para no regresar nunca. Era un 22 de diciembre de 1989. Tres días después, tras ser interceptado y obligado a aterrizar, fue protagonista de un juicio tan rápido como innecesario para muchos, pues la decisión –y el espacio para el fusilamiento- ya estaba tomada. Él y su mujer serían ejecutados ese mismo día, un 25 de diciembre. Habrían sido las Navidades más dulces para millones de rumanos, si no celebrasen ese día el 7 de enero al regirse por el antiguo calendario juliano.
Segundo día: las mejores Termas, el mejor parque acuático
Ten bien presente esta recomendación en tu visita a
Bucarest: reserva un día para las termas. Sí, un día, olvida la tarifa que te
permite acceso de 3 horas porque te quedarás con muchísimas ganas de más y el
resto del día tampoco es que lo puedas dedicar a hacer mucho más (si acaso, el
Parlamento). Abiertas hasta las 11 entre semana y hasta medianoche fines de
semana. Más de doce horas que, recordad, se os quedarán cortas. Una vez pasado
por caja, adquirimos la pulsera que a partir de ahora será también llave de
taquilla y monedero, útiles en un complejo de vastas dimensiones.
Y es que tenemos tres zonas por delante, todas ellas explorables para adultos, dos de ellas para mayores de 14 años y una para todos los públicos. Empezamos por la última mencionada, Galaxy. Con tubos y toboganes de todos los tamaños y colores, para lanzarte con el cuerpo o en flotador, sólo o acompañado, para los más pequeños de la casa y de ahí, gradualmente, para todas las edades. Buen mantenimiento, muchísima velocidad y sensación en algunos de ellos. Pues os acabo de hablar del 4% del complejo. La zona techada de Galaxy o Galaxy Zone.
Fuera llegamos a la parte Horizon, con piscina y bar flotante,
vistas al lago y 25.000 metros cuadrados de arena y plantas exóticas. Música en
directo para rematar la otra diversión de Galaxy…que también se acuerda de la relajación.
Con permiso de los infantes, Galaxy Relax dispone varios baños termales y
herbales frente a dos hileras de tumbonas: unas con tratamiento de luces
infrarrojas, otra con hidromasaje que por un puñado de lei (18, poco más d e3
euros para un masaje de 15 minutos) te repondrá y preparará para más acción a
partes iguales. Masaje y momento sublime de tu visita a las Termas de Bucarest…y
esto es sólo el principio.
Si tienes la suerte de que coincidan con tu visita, las Termas tienen family days en los que la zona de The Palm también abre para los menores de 14 años. Digamos que repetimos piscinas techadas y zonas de relax de Galaxy pero con menos multitudes –aunque cierto es que el complejo es tan grande que nunca notarás agobios o padecerás al gentío, salvo por algunas colas en los toboganes de flotadores (esas no te las quita nadie). El caso es que en tu salida al exterior, bien a pie bien a través de la piscina –como ocurre en Galaxy- toparás con más marcha y una hilera de bares que van desde el Gin Bar hasta el Beer o el Grill Bar, puesto de helados… una propuesta gastronómica que completa a las máquinas presentes en el bufé de Galaxy y en el propio food court techado de The Palm donde pagas con tu pulsera y puedes elegir entre un variado surtido de platos. El pollo asado, las pastas y los crepes de postre... sensacionales (y los crepes cargadísimos de Nutella).
Y así llegamos al Elisyum, el paraíso sólo para adultos,
donde podrán disfrutar de hasta 9 saunas temáticas con talleres cada cierta
hora, además de un restaurante top basado en comida asiática, The Mango Tree.
Zona wellness de masajes bajo demanda y muchas camas balinesas ubicadas en el
piso superior de la zona de The Palm que te recuerdan lo bien que se está, en
ocasiones, sin niños.
Más de 12 horas de apertura según qué día, coste ridículo en
relación calidad precio y cantidad de actividades y cosas por hacer y un
servicio ininterrumpido de comida y picoteo para que nunca te falte de nada.
Siempre hay algo que hacer en las Termas de Bucarest.
Más información en https://www.therme.ro/
Tercer día: Monumentos,
parques y restaurantes de altura
Si bien la visita al Parlamento es también obligatoria, la
excursión en español es sólo una vez al día, en el turno de las 11:40. Nosotros
la contratamos a través de Civitatis, como siempre de interfaz sencilla y
adquisición rápida, y la experiencia fue muy buena por tiempos -1 hora de visita-
y guía –Carmen entró sólo en detalles divertidos y de los que se te graban,
nunca aburrió y nunca se demoró en las salas, de manera que el tiempo inmóviles
se redujo y, con ello, evitamos las clásicas molestias al estar de pie y
parado. Lo que queremos decir es que hagas lo que hagas, y estés el tiempo que
estés en Rumanía, has de visitar el Parlamento. También el resto de elementos
que hemos dejado para este tercer día, pero hay distancia entre ellos…de nuevo…
sí, lo has adivinado, Uber al rescate.
Palacio del Parlamento
Ceaceuscu no quiso elegir a una arquitecta de 28 años para tamaña empresa por aquello de ser joven y mujer, qué sabrá ella pensó…luego tuvo que ceder ante el consejo de su gabiente experto. En lo que fue implacable es en la destrucción para poder erigir semejante mamotreto: 40.000 casas destruidas, un hospital, un estadio de futbol...sólo salvó iglesias que encontró en el camino con un ingenioso sistema de raíles que las levantaban y movieron a otros puntos de la ciudad. En su construcción participaron 20.000…voluntarios, digamos y murieron, según el régimen del dictador, 67 personas en las labores. Fueron muchas más.
El edificio se hunde 9 metros bajo tierra y asoma 12 por
encima de la superficie. Ceaucescu tenía un miedo máximo a que lo matasen, por
qué será, así que la sala presidencial posee varios orificios practicados en el
techo que conectan con un sistema natural de ventilación, ya que pensaba que
podrían envenenarlo a través del aire acondicionado. Además era más bien
menudo, lo que contrasta con la magnitud y majestuosidad de todo lo que erige,
como todos los dictadores vaya… y las escaleras más grandes del edificio poseen
numerosos escalones ya que cada uno posee una pequeña altura para que los
pudiera subir sin problemas. Por cierto que hay dos simétricas por las que
bajaban él y su esposa, respectivamente, para encontrarse en el centro. Porque
según él no eran presidente y primera dama, sino rey y reina.
Más números: la cortina más grande mide 16 metros y pesa 250
kilos. Es el segundo edificio administrativo más grande del mundo, por detrás
del Pentágono, pero el más pesado, hundiéndose 2mm. Cada año. La sala más
grande, la última de la visita, ofrece un espacio minimalista de 2200 metros
cuadrados. Su idea era la de que pudiera aterrizar un helicóptero en ella, aunque
de poco le habría servido, como hemos escuchado anteriormente en el capítulo de
la Plaza de la Revolución.
Monasterio Antim y
Mercado Obor
Dos enclaves donde te sentirás como un verdadero
bucarestino. El primero porque es otro de esos templos ortodoxos pero que, al
estar más retirado, es frecuentado por locales y suele estar bastante vacío.
Tras un pórtico de entrada impresionante, uno topa con la iglesia principal y
edificios aledaños, clásicos ya de los complejos ortodoxos.
Respecto al mercado, hablamos del más grande de la ciudad,
repleto de los colores que dan frutas, verduras, hortalizas y productos más
locales. Precisamente aquí, en los puestos de fuera, los que no están techados,
uno puede probar delicias rumanas como la Cioba o sopa, con base de verduras y
toque agrio y añadidos varios como patatas o albóndigas. También los mici, una
suerte de pincho moruno o salchicha construida a partir de carne picada y
condimentada con un fuerte toque de pimienta. Para los papanasi nos guardamos
el último local de comida que recomendaremos y que hemos dejado igualmente para
este tercer día.
Uber y nos vamos al norte para comprobar por qué Bucarest es
conocida como la pequeña París.
Arco del Triunfo y
Parque Herastau
En todo el itinerario descrito podéis hacer el mismo
ejercicio: comprobad cómo los soportales, por ejemplo en Lipscani, se pelean
por ser el más moderno, el más original o el más colorido…para después, al
alzar la vista, hallar edificios de estilo neoclásico y Belle Époque de finales
del siglo XIX y principios del XX, fuertemente influenciados por la arquitectura
francesa. Bulevares arbolados e incluso uno de ellos, como si de los Campos
Elíseos se tratase, finaliza en un Arco del Triunfo hermano pequeño del
parisino.
La explicación rápida es que en los siglos mencionados muchos bucarestinos marcharon a París donde aprendieron idioma y costumbres y recibieron formaciones varias para regresar e impregnar su ciudad natal de todo lo allí aprendido. Incluso conversaban en francés. El caso es que hemos llegado a un Arco del Triunfo nada desdeñable y que imita hasta la glorieta repleta de cláxones, conductores enfurecidos y hormiguero de vehículos.
Menos mal que a
unos metros encontramos el parque más desconocido de la ciudad y el que más nos
gustó, Herastrau, con numerosos caminos y bancos, muchísima vegetación y un
paseo a pie de lago homónimo que, en una de sus vertientes, es escoltado por
media docena de terrazas y bares de alta alcurnia. Puestos a movernos en las alturas…Uber y
marchamos a la Sky Tower.
NOR o la cena a casi 140 metros de altura metros de altura
50.000 metros cuadrados de oficinas, 137 metros de altura y
36 plantas. Desde el parque la adivinamos entre ramas y hojas de los árboles, pero
es cuando estás a pie de rascacielos cuando aprecias sus vastas dimensiones. No
entendamos esto como una recomendación monumental, que también, sino
gastronómica: porque allá arriba, en la planta 36, se sitúa un restaurante
panorámico cuyas vistas sólo son superadas por sus fogones. Nor.
36 plantas y una lujosa recepción después, llegamos a NOR.
Apenas entramos la luz golpea a través de sus ventanales y, una vez acostumbramos
la vista, vislumbramos un espectáculo paisajístico con Bucarest a nuestros pies
y un constante descubrimiento y repaso de todo lo que hemos visitado. Catalin,
el camarero que nos atendió, nos dice que hemos elegido buena hora para ir:
unos minutos de luz plena, atardecer para culminar nuestra cena en hora
nocturna.
Vamos con la carta: un par de cócteles sin alcohol prepararon el estómago y dos pastas, excepcionales, abrieron boca para el principal que pedimos a compartir. Sobre las pastas, decir que los carbonara tenían un punto exquisito pero fueron los campanelle Vitello, un plato de pasta original con solomillo de ternera Black Angus, trufas y queso pecorino, los que nos convencieron de que la oferta gastronómica da réplica perfecta a la propuesta panorámica del restaurante.
Su plato estrella, para cuatro personas y por casi 800 LEI (recuerda, 1 euro equivale a unos 5 LEI) es una fuente de dos pisos copada de pulpitos, moluscos, cigalas, gambas y calamares. Cantidad y calidad que cerramos con un llamativo postre que simula una nube o a través del algodón de azúcar y colgando de ella, como si de un globo aerostático se tratase, tres chocolates diferentes. Eso y la cascada de Tiramisú, servido en un vaso que al levantarlo deja desplomarse el famoso postre italiano, cerraron una noche y un viaje inolvidables y una velada gastronómica de altura.
Más información en https://norbucharest.ro/
Jesús Clemente Rubio
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