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Los mejillones de Charnela quieren conquistar al visitante de IFEMA

 

Volvimos a Charnela. Siendo puristas, el regreso no fue tal, pues acudimos al segundo local que han abierto allá por la Avenida de los Andes, con un guiño claro al público usuario y asistente del cercano IFEMA con los riesgos que ello conlleva. Hablamos de ferias y citas constantes pero de horarios dispares, de ahí su cocina abierta de manera ininterrumpida una media de doce horas al día. De perfiles tan variados como las mencionadas ferias. Pero en Charnela saben lo que se hacen, como están demostrando en Chamberí desde hace tiempo. Su confianza en el mar y en la maestría con las cazuelas de mejillones, el cuidado del resto de la carta que bien podría ser tan protagonista como los primeros y un servicio ágil, amén de un local luminoso y embriagador, redondean un lugar que fidelizará al ejecutivo que año tras año regresa a IFEMA por determinada exposición o muestra. Y, por supuesto, también a los afortunados residentes en la región que podemos repetir muchos otros días. 

Una gilda. Con una sola gilda uno ya vaticina que está en un buen local, ante una buena carta y recomendable mesa. Completita, con equilibrio de sabores aunque cierto dominio de la anchoa y la piparra, perfecta. Nos gusta lo nuestro porque en la sencillez y la buena materia prima está el gusto. Sin alardes, sin decoros; un tomatazo rosa con sal negra y extraordinario sabor. Del que te recuerda a qué saben verdaderamente los tomates. 

Qué decir de las croquetas, desde el contundente sabor a queso hasta nuestra favorita, la de rabo de toro. Sin descuidar la clásica de jamón, igualmente deliciosa. La trufa culmina una variedad que pese a ser recurrente en muchas cartas sorprende. Idéntica lectura para los calamares fritos. Un frito que sabe y cae ligero es posible. Una cecina que hace olvidar cualquier otro embutido o ibérico también. Si no la pediste o pides en tu primera visita, has de repetir. 





Claro que te cargarás de razones para hacerlo; obviando el charnelito que sí probamos la vez primera, un emparedado de mejillones en toda regla y extraordinario, nos atrevimos con el pepito de ternera. Sólo el tratamiento del pan merece comandarlo, pero es que la mezcla de sabores, carne y salsa, es sublime. Y así llegamos a la fotografía de portada, las cazuelas, a cuál mejor; esta vez la magia belga la dejamos para el postre (¡qué gofre, qué gozada!) y optamos por una con matiz canario, mojo picón y mucho sabor. Además del cuadriculado postre pedimos también una tarta de queso de generosa ración y gran factura. Charnela crece y se reproduce manteniendo intacta su esencia de buen producto, gran cocinado y mejor entorno y servicio.



Carta, localización y horarios en este enlace 

Jesús Clemente Rubio