lunes, 14 de octubre de 2019

Praga II, qué ver: Las 7 razones por las que Praga enamora

Desplazándonos de nuestra zona de confort viajero en la Europa más occidental, topamos con la República Checa. Antigua Checoslovaquia, y más antigua aún perteneciente a otros imperios, el país presume de una cuidada arquitectura en una de las capitales del viejo continente con más encanto. Oirás hablar de Brujas como la ciudad del cuento de hadas, o Roma como la ciudad que sorprende en cada esquina y, sin parecerse a ninguna de las anteriores, Praga mezcla ambas cosas: la embriagadora atmósfera con la constante sorpresa. Quién te iba a decir que a 3 horas en avión, además del paraíso canario, tienes hacia la otra dirección un tesoro de creciente moda pero que los que descubrimos hace años llevamos advirtiendo: Praga enamora, incluso para vivir en ella, y te contamos por qué en 7 razones.

BONUS: Antes de aterrizar, Hoppa
Hoppa es la mejor manera de llegar a Praga sin sobresaltos.
El "Arrive Happy" de Hoppa es más que un eslogan. Es la tranquilidad de que tu viaje comience y finalice con una sonrisa, sin trastornos de llegada o salida y centrándote en lo que de verdad importa: el tiempo real de turismo y visita. Para conseguirlo, Hoppa actúa como una suerte de agente de traslados buscando entre sus colaboradores la empresa disponible que mejor se ajuste a tus necesidades, sean familiares, privadas, lujosas... hay un vehículo para cada perfil de viajero. Lo importante es que nada más llegar, como nos ocurrió a nosotros en la terminal de Praga, habrá un conductor aguardando cartel en mano a recibirte con una sonrisa y acompañarte al vehículo que te llevará, de puerta a puerta, a tu hotel. 


Si tienes prisa por llegar y visitar, Hoppa te lo pone fácil.
En nuestro caso Fabrizio, italiano afincado en Praga en los últimos 15 años, no sólo nos recibió de la mejor manera posible sino que, al gozar de algo de tiempo hasta el siguiente traslado, hizo un mini recorrido exprés por las partes fundamentales de la ciudad para dar cuenta de una visión genérica de la misma y explicar su evolución histórica. Aún está por ver otro servicio que dé ese plus que, insisto, es un extra que no siempre vas a encontrar, pero dice mucho de la comodidad de los partners trabajando con Hoppa. La reserva, como siempre, mejor de manera previa y por Internet con precios muy competitivos y ajustados, insistimos, a todas las necesidades.

Más información en https://www.hoppa.com/es/republica-checa/praga-centro-ciudad

1-. Turismo de Praga, la mejor guía

Lo típico y lo que no está en las guías. El Turismo de Praga
te lo cuenta todo.
Apenas aterrices, dirígete a la oficina de turismo de Praga, ya sea en el aeropuerto o en alguno de los puntos del centro de la ciudad. Allí encontraras la mejor guía para tu visita, sin importar los días -tienen folletos en perfecto español en los que te recomiendan itinerarios para muchos o pocos días e incluso para personas con movilidad reducida. La calidad de los contenidos y las traducciones es sublime y huyen del clásico material repleto de paja para centrarse en los aspectos más relevantes de cada clase de turismo (arquitectónico, natural, gastronómico) o dando pinceladas de todas las materias. Si casi 8 millones de turistas salieron satisfechos el pasado año quizá haya que preguntarse qué papel tuvo la oficina de turismo en todo esto. Os adelantamos que mucho.

Más información en www.prague.eu

2-. Tus piernas, el mejor transporte con permiso de Regiojet

Turistada desplazarse así, pero tiene su encanto.
Uno de los encantos de Praga es perderse por sus calles porque todas están repletas de un elevado cuidado de la estética. Por eso sería una pena abusar del transporte público, porque te perderías las calles que unen tu punto de salida y llegada. Además, la ciudad invita a andar dado que los itinerarios están diseñados para que cada metro que avances a pie esté justificado con algo nuevo por ver. No obstante, has de saber que el transporte funciona muy bien y es muy barato (de hecho, por unos 4 euros al día puedes coger cuantas veces quieras el transporte público) y, ahora viene lo mejor, los trenes para viajar a otros países son tan económicos como confortables. 

Los asientos de Business abrazan al pasajero.
En Regiojet encontrarás desplazamientos en clase estándar -con butacas de ya generoso espacio- desde 14 euros para viajar, por ejemplo, a Viena o Budapest. Ten en cuenta que hablamos de más de 4 horas de trayecto y, sin embargo, nunca se nos hizo pesado. Nosotros optamos por la clase Business, que por el doble -30 euros- te ofrece un cubículo para 4 personas -si sois 4, la mejor opción sin duda- en el que compartimos vagón con otras dos personas tan respetuosas como nosotros en el aspecto de ruidos. 

Decidnos si por 30 euros no compensa viajar de esta guisa. Todo para el disfrute.
No obstante, algunos de los vagones son los llamados "del silencio" donde se invita a los usuarios a no elevar demasiado el volumen de los cascos y respetar la atmósfera que reine en ese vagón. Asientos mullidos y con laterales en el cabecero para poder recostarte y echarte un sueñecito, amplio y luminoso ventanal para disfrutar el siempre atractivo viaje en tren entre países de Europa y un servicio gratuito de tés, cafés, agua y pastas durante todo el viaje, amén de unos precios irrisorios si quieres comprar, por ejemplo, una bandeja de sushi (3 euros al cambio). 


Puntuales y económicos, los trenes de RegioJet son el mejor transporte.
Recomendamos reservar previamente en la misma página de Regiojet por Internet y, créenos, es sin duda la mejor opción para moverte entre países cercanos y visitar en un puñado de días 2 y hasta 3 naciones distintas. Puntualidad y, sobre todo, comodidad en los trayectos. Por no hablar de los precios.

Más información (y en español) en https://www.regiojet.es/


3-. Contratar un tour por la ciudad

Reloj Astronómico de Praga, símbolo de la ciudad.
Ya sea uno de los llamados free tour o el que hicimos nosotros, volviendo al City Tourism de Praga, es uno de los aspectos más recomendables para comenzar tu visita a la ciudad. Dependiendo del tipo de tour, te llevarán por unos u otros lugares, pero seguramente todos partirán del Reloj Astronómico de Praga y pasarán por lugares emblemáticos como la Torre de la Pólvora o el puente de Carlos IV. El nuestro partió precisamente del artilugio mecánico más famoso, probablemente, de Europa. 

Y que sirve para mucho más que marcar el tiempo. De ahí nos adentramos en el corazón de Stare Mesto, la Ciudad Vieja, dejando atrás la mencionada Torre de la Pólvora, uno de los principales teatros de Praga y la Catedral, antes de asomarnos al Art Nouveau -sí, también tiene de "eso" Praga- para redondear con una breve pero interesante introducción al barrio judío. Para terminar, paseo por la ribera del río hasta llegar al más fotografiado de cuantos monumentos o puntos de interés posee la capital checa: el puente de Carlos IV, que une la Ciudad Vieja con Mala Strana y la zona del castillo. Una vuelta de dos horas llena de anécdotas, historia y palabras que pasarán a formar parte de la historia de tu vida.


4-. Ciudad de ciudades

Elige rincón y barrio al azar. Fotografiable seguro. Así es Praga.
Llegamos al aspecto que, quizá, sea fundamental para que consideremos a Praga una de las mejores capitales europeas en términos turísticos. Porque Praga es mucho más que una ciudad... son 4 ó 5, en realidad. Lo que llamamos en español "barrios" en realidad son diversas ciudades que fueron surgiendo, cada una con su idiosincrasia y realidad social, política y económica, hasta que Carlos IV (el que da nombre al puente) decidió unirlas todas ellas bajo un mismo territorio fuerte, cohesionado y poderoso. 
El Moldava separa los barrios, antaño, ciudades.

Y lejos de llevarse un par de zonas la gloria como ocurre en otras importantes ciudades europeas, en Praga todas tienen razones de sobra para hospedarte en ellas, o recorrerlas o dedicarlas parte de tu tiempo.

Catedral de San Vito. Cierra la boca y saca una buena foto.
Hradcany, el barrio del Castillo, en el que sobran los comentarios sobre la importancia de su visita. Mala Strana, donde nos hospedamos y se encuentra el estupendo Aria Hotel, es también una de las zonas con más vida diurna y nocturna dotada de pubs y bares de enorme interés. Por no mencionar los jardines, plazas e iglesias que aguardan en cada esquina. Stare Mesto, la Ciudad Vieja, posee todo aquello que las guías nos dejarán ver: la Staromestke Namesti o Plaza de la Ciudad Vieja, con la manida torre del Reloj Astronómico y la Iglesia de Tyn entre otros muchos lugares de interés. 
De camino al castillo siempre habrá buenas instantáneas como ésta del Molino del Gran Prior.
Nove Mesto, la parte más moderna, no sólo muestra una curiosa apuesta por el Art Nouveau entremezclada con el arte clásico, sino que alberga también el Ayuntamiento nuevo o las Casas Danzantes, famosas por la curvatura de su fachada. Por último, el barrio judío representa la rebelión de un pueblo que supo salir de su gueto para coronarse como una de las esferas sociales más influyentes y ricas de Praga.
El Ayuntamiento de la Ciudad Nueva se encuentra en la Ciudad Nueva de Praga.
Ciudad de ciudades, todas a una forman uno de los enclaves más importantes del viejo continente.


5-. Gastronomía: carne asada y pastel de manzana 

Por fin. Por fin salimos de España y nos alejamos de la gastronomía Mediterránea para encontrar una cocina que, sabiendo coger lo mejor de ésta y de muchas otras, ofrece una mesa donde las carnes asadas predominan pero saben dejar paso a pastas, sopas y postres de altura. Y, por supuesto, en cada zona un buen puñado de locales recomendables. 

En el Café Louvre, además del Strudel, también hay suculentos
platos salados como esta versión del Club Sandwich.
En Mala Strana no sólo te hablamos de uno de los mejores restaurantes de todo el país, CODA (sobre el que puedes leer aquí) y que ofrece degustación fusionada y moderna o bien una tradicional y checa; también aquí están locales como, valga la redundancia, Lokal (uno de los favoritos de los checos) y Beseda, donde recalamos y probamos un espectacular Goulash (estofado de carne), cuarto de pato y gnocchis con salmón. Todos ellos clásicos y típicos de la cocina praguense, no así el dulce Trdelník, cuya proliferación se hace notar en los cientos de puestos que lo ofrecen. 

Se trata de un rollo de masa dulce asado cual pollo asado y luego relleno de lo que gustes y que tiene de Praga lo que yo; nada. Propio de la cocina eslovaca, han sabido instalarlo en la mente y paladar de los que habitan o pasean por la ciudad. Si quieres un postre de verdad, dirígete al Café Louvre donde, además de encontrar otros muchos platos tradicionales, en el apartado de postres se te ofrece el Apple Struddel, una especie de crepe -aunque la masa se acerca más al hojaldre fresco- relleno de manzana y EXQUISITO. 

Nos comeríamos cuatro o cinco pero, claro, cuéntaselo luego a las mancuernas. El Café Imperial o el del museo de Art Nouveau son otros que no puedes perderte.


6-. Río, puentes y jardines

Una de las antiguas entradas de la ciudad saluda torre mediante
a los que quieran moverse entre Mala Strrana y la Ciudad Vieja.
Dónde quedaría el encanto de muchas ciudades si eliminásemos el río que las atraviesa. El Moldava se encarga de vestir cada instantánea tomada a sus pies, siendo el paseo por su ribera y recayendo en Isla Kampa (bajo el puente de Carlos IV) como parada definitiva para tus atardeceres a ras de suelo. Y el de Carlos IV no es el único, es más: te recomendamos atravesar al menos los que le suceden al norte y sur para que en tu fotografía se cuele, precisamente, el más importante. 
Recuerda que la mejor fotografía del río nunca será desde el puente Carlos IV, pues en ella no saldrá el susodicho.
Tu paseo por la ribera del Moldava y el sol cayendo serán tus mejores aliados.
Pero los jardines no se quedan atrás: el funicular de Mala Strana te subirá hasta la antigua torre de Telecomunicaciones rodeada de una vasta zona verde; también encontrarás los jardines Vrbotska pegados al Aria Hotel y al sur de Nove Mesto esperan también multitud de zonas verdes, al igual que cruzando los puentes que limitan por el norte el barrio judío. Praga también es pasear a orillas del río, tumbarse en alguno de sus parques e integrarse con su naturaleza, cruzar los puentes que otrora no existían y mantenían separados los que hoy conviven unidos como una gran capital.

7-. Y claro, Castillo y monumentos

Más que hacer de la presente una guía al uso de Praga, lo que estamos intentando es transmitirte sensaciones vividas desde la experiencia. Para que sientas a través de nuestros ojos y pluma lo que significa entregarte a Praga y sus calles. Pero, claro, tenemos lista de imperdibles.

He aquí la iglesia que acoge el pequeño Niño Jesús. Se encuentra
a la derecha, pero te dejamos que vayas y lo veas por ti mismo.
En lo alto de Mala Strana, por ejemplo, encontrarás en la Torre de Telecomunicaciones un ejemplo claro de la obsesión de Praga por "copiar" mucha de la arquitectura Europa occidental, aquí en forma de Torre Eiffel -bueno, parecido-. También tienes un Puente de los Suspiros por ejemplo y hasta un "Manneken Pis" que, en esta ocasión, es un pequeño Niño Jesús convertido como aquél en foco turístico sin verdadero interés. Eso sí, la iglesia que lo alberga, ubicada en la calle Karmelitská, es preciosa. Tomes o no el funicular para subir al norte de Mala Strana para adentrarte en el barrio del Castillo, te recomendamos que uno de los dos trayectos -mejor el de bajada- lo hagas a pie para recorrer las calles de estas dos antiguas ciudades ahora convertidas en barrio.
El Castillo de Praga es el monumento más representativo y elevado de la ciudad.
En cuanto al Castillo, debería copar toda lista de indispensables de Praga: desde las casas de los orfebres que colorean el Callejón de Oro hasta la majestuosa Catedral de San Vito, hablamos del complejo de este tipo más grande de Europa y, sin duda, uno de los mejor conservados. Y camino al mismo, estampas coloridas como la del muro de John Lennon o el Molino del Gran Prior.

El Muro de John Lennon, hoy símbolo bohemio de la ciudad, reúne en sus paredes una bonita historia.











Cruzando el puente de Carlos IV, y tras deleitarte con los buscavidas en forma de caricaturistas o vendedores de artilugios varios y las numerosas esculturas (no olvides poner tus manos sobre los salientes dorados de una de ellas para pedir un deseo), llegarás a la Ciudad Vieja con el Reloj Astronómico, uno de los aparatos mecánicos de mayor complejidad de la era antigua y, por ello, plagado de historias e interés en torno a él.

Siempre con algarabía, tanta vida hace de la Plaza de la Ciudad Vieja
un enclave eterno.
La Plaza de la Ciudad Vieja en la que se incrusta recoge también unos cuantos párrafos de historia que ha de ser contada antes de que la vuelvan a destruir en una película de Marvel (véase Spider-man Far from Home), sin olvidar la mención a la cercana e imponente Iglesia Tyn. 


Recuerda tocar los dos salientes dorados de una de las esculturas
(reconocible) del puente. Y pide un deseo.
Un poco más al este esperan la negra Torre de la Pólvora y, desde aquí, al sur toparás con el Art Nouveau, plazas como la del Ayuntamiento y las Casas Danzantes y, claro, la plaza de Wenceslao, héroe protestante de Praga y que a lomos de su caballo es testigo de la zona con más vida diurna y comercial de toda la ciudad.

Kafka con la Spanish Sinagoge como testigo.
Claro que para encontrar la milla de oro habrá que ir, como más de uno habréis adivinado, a Josefov o barrio judío, donde el solemne cementerio deja paso a un grupo de Sinagogas que suman unas 2 horas de visita (si entras a todas). La más antigua del viejo continente se encuentran aquí. También la estatua de Franz Kafka. Decíamos que la calle comercial de mayor prestigio está aquí (Siroka) albergando en pocos metros las tiendas de moda que vacían tu bolsillo a mayor velocidad.
Josefov, el barrio judío, es parada obligatoria.

Buena publicidad de vinos, pero nos sirve para nuestra despedida:
Praga merece repetir.
Pero verás que éste es sólo el séptimo apartado de una reseña que pretende, espero que lo haya conseguido, convencerte de que si muchas ciudades te gustan y otras incluso te conquistan pero "para un rato, el que las visitas", Praga fácilmente podría convertirse en el lugar elegido para erigir tu hogar. Magia, romanticismo, detalle, estética, historia en unos cuantos metros cuadrados que llenan el corazón del viajero.

Jesús Clemente Rubio