sábado, 25 de noviembre de 2017

J13 Real Madrid 3 - Málaga 2: De despistes, rechaces y respeto

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Continúa el sufrimiento madridista en casa. Esta vez ha sido un malogrado Málaga el que ha puesto en serios aprietos a los de Zidane, que nunca encontraron la circulación cómoda, ni la atroz ofensiva, ni la zaga férrea que otrora se presentaba como impenetrable. Pero lo más preocupante es que todo esto sigue ocurriendo en el feudo blanco.


Muchos firmarían aquel problema inicial de temporada en el que se lamentaba que el Madrid no supiera -o quisiera- cerrar los partidos con autoridad. Hoy, de hecho, ése fue el menor de los problemas. Porque si a algo hay que echar candado de manera inmediata es a una defensa en la que sobra calidad pero también despistes, que por ende llevan a ser empatados hasta en dos ocasiones por uno de los equipos con peor arranque liguero.

De hecho los de Míchel se creyeron mucho más que el rival que podrían llevarse el partido o al menos algún punto del Bernabéu, por ejemplo empatando el gol de Benzemá con un Rolan pícaro que aprovechó el enésimo error defensivo. O más tarde con Chory Castro encontrándose con la ayuda de Kiko Casilla para poner las tablas tras el segundo del Real Madrid, obra de Casemiro antes del descanso. Un párrafo que evidencia con un par de pequeños apuntes los dos grandes asuntos pendientes del Real Madrid: la concentración y actitud y la calidad en portería. Siempre nos ha gustado Kiko Casilla, pero el guardameta parece no gustarse a sí mismo. Inseguro, parece un portero de mucha menos categoría de la que posee, y eso se traduce en que hasta lo que debió ser un trámite -con permiso, insisto, de un Málaga peleón- se transformó en otra excusa para perder el respeto al Real Madrid en su propia casa. 

Cristiano Ronaldo arregló en dos tiempos -en el rechace de un penalti fallado por él mismo- las cosas sacándose dos espinas: la de volver a marcar en Liga y la de batir a un impecable Roberto que evitó la goleada local. Cuidado Madrid, que otras veces el rechace no caerá a tus pies.

Jesús Clemente Rubio