domingo, 4 de junio de 2017

Cardiff´17 Juventus 1 - Real Madrid 4: Y al Madrid le dieron las 12

El Real Madrid completó el reloj que tanto juego ha dado para prensa escrita y tuiteros y alzó la duodécima Champions a costa de una Juventus a la que la moral, o la falta de ésta, no le permitió mantener el prometedor ritmo del comienzo. Mientras Ronaldo se hizo con el resto de papeletas para ganar el Balón de Oro, Zidane se consagró haciendo Historia. Doblete y a casa... a seguir con la celebración. ¿Comienza o SIGUE una era?

Héroe de la duodécima desde cuartos de final, Cristiano
consolidó su candidatura al Balón de Oro.
Según Cristiano Ronaldo, sí. Pese al tres en las decenas de su edad el que en breve alzará su quinto Balón de Oro tiene claro que en otra noche de récord (el Madrid superó la barrera de los 500 goles en Champions, por cierto, mediante el crack portugués; primer equipo en ganar el trofeo dos veces consecutivas, etcétera) el Madrid ya no es campeón casual, ni "regalado" como se le achacó el pasado año, ni fortuito; es una plantilla repleta de estrellas en césped y bancada y además con muchísimo espíritu español, con lo que ello supone. Un niño que desde la cuna ha vivido la pasión por el Madrid y cuyo sueño es triunfar en el fútbol español lógicamente tendrá un plus de motivación por vestir estos coloresCon todas esas armas y un extraordinario gestor de grupo, el Real sin embargo salió como su público en las horas previas: demasiado prudente, falto de ilusión y ganas, como si la final fuera un trámite en el que ganar o perder diese lo mismo pues ya se había hecho mucho.

Allegri tuvo claro que la clave estuvo en la actitud del equipo
tras encajar el segundo gol.
Y ello lo aprovechó una Juventus que dejó tres centrales para tratar de apuñalar los costados blancos y que pronto dejó la primera ocasión clara que se topó con la mano de Keylor Navas; qué bonita es la irregularidad de un jugador cuando lo que hace a lo largo de la temporada es ir de menos a más, y no al revés. El Madrid no se encontraba cómodo y el balón no pasaba ni por Modric, ni por Isco ni por Kroos, aunque para su tranquilidad Casemiro contenía todo y al menos rompía la idea de juego y victoria que había dibujado Allegri; recuperación, transición rápida, disparo desde y hacia donde fuera. Con Marcelo algo fallón y sin creación quedaba la baza del otro carrilero, Carvajal, y fue así como llegó la calma momentánea para las filas blancas. Preciosa jugada del Madrid tras percatarse de que debían arrebatar el balón a la Juve que le llega a Cristiano y dos opciones; recorte y disparo o reservar el esférico a lo que le chivó el sabio reojo, venía un tren llamado Carvajal con todo para ganar metros hasta la línea de fondo. Pase de calidad, el defensa madridista la devuelve al primer toque y de idéntica manera remata Ronaldo para batir a Buffón, previo golpeo en la defensa blanquinegra. Gol y júbilo contenido para una grada que no terminaba de fiarse. Hacía bien.

Porque la Juventus no dio un sólo paso atrás y sí dos hacia adelante y, nuevamente, arrebató el balón al Madrid. De ir por debajo en el marcador son los minutos que te adelantan que el equipo español se ha quedado sin la copa porque entregar el balón a una escuadra italiana es un suicidio futbolístico; no sólo te matará el partido y el ritmo sino que las pocas ocasiones en las que lo recuperes o creas poder armar una contra su defensa se sacudirá cualquier atisbo de peligro. Para colmo, llegó el gol, la genialidad, pues esto es una final de la Liga de Campeones, plagada de ases: Mandzukic se sacó una chilena de la clásica jugada en la que el portero deja de sentirse amenazado que sorprendió a todos y especialmente a Keylor. Fue entonces cuando sufrió el Madrid, cuando saltaron las alarmas (aunque se oyeron a volumen especialmente bajo), cuando la Juve encontró su partido y el Madrid perdió su aura y tendencia.
La fortaleza mental jugó un papel crucial en el triunfo blanco.

Y entonces, descanso y charla mediante, apareció la cualidad invisible en el deporte; la fortaleza mental. Un disparo fortuito de Casemiro tras tres intentonas madridistas desde fuera del área (¿orden de Zidane?) pegó en un defensa lo justo para despistar a Buffon. Fue mucho más que un gol, fue un puñetazo a la moral de la Juventus, el retorno del topicazo "pierdefinales", el viejo fantasma. Tres minutos después, la magia de Modric alcanzaba la línea de fondo y dejaba atrás un balón para que Cristiano fusilase; un gol que vale oro. La Juventus sería a partir de entonces testigo de su propia derrota, zarandeada por un Madrid que volvió a jugar de ensueño, ya con Isco y Modric enchufados y Ronaldo y Benzema firmando buenas acciones. Pero la gloria última quedaría para el actor que faltaba por ser reconocido en esta final: con equipo y entrenador consagrados, la cantera daba el mazazo final a través de un Asensio que merecía semejante recompensa. Y al Madrid le dieron las 12 en Europa... que se prepare ahora el mundo, dice Cristiano. Amén.

Jesús Clemente Rubio