sábado, 23 de julio de 2016

Guía definitiva de Chicago: Más que la pequeña Nueva York, la Gran Chicago

Viajar a Chicago tras visitar Nueva York aquellas Navidades que os contamos aquí y en todo su esplendor, después de que te repitan una y mil veces que “es la pequeña Nueva York”, algo así como la hermana guapa, pero pequeña de aquélla y mil aspectos más que sitúan a la de Illinois por debajo de la Gran Manzana bien podría resultar un hándicap para la ciudad que hoy nos ocupa. Y con todo, Chicago nos recibió, abrazó y casi no dejó volver, pues una envidiable atmósfera y esa embriagadora sensación tan imposible de ver como de dejar de sentir hizo que lo que surgió como un romance al margen de nuestra relación con Nueva York terminase casi en divorcio para irnos con la amante. Más que la pequeña Nueva York, bienvenidos a la Gran, imperdible y recomendable Chicago.

Pasear por Chicago es ya un
atractivo turístico.
 Si quieres empezar tu viaje de la mejor manera posible, quédate con estas dos palabras: arquitectura y Greeter. La primera nunca creerías que destacaría en una ciudad moderna pero, ciertamente, si al norteamericano le apasiona Europa por ofrecer un arte al que no están habituados, resulta lógico que el español no pueda parar de mirar hacia arriba sorprendido por los rascacielos pero maravillado por su estética y diseño. Hablamos de la ciudad estadounidense con mayor y mejor reputación global en lo que a arquitectura se refiere, y para dar cuenta de ello hasta varias compañías destinan uno de sus cruceros por el río Michigan a recorrer única y exclusivamente la arquitectura chicaguense.

Uno de los principales atractivos de Chicago es su arquitectura: hay cruceros por el río Michigan para mostrártela.
Ahora bien, como verás hemos soltado varios datos en un solo párrafo, y para navegar en ellos aparece el otro término por explicar: Greeter. Dicho de otra manera, se trata de un guía local que, de manera altruista y voluntaria –de hecho no aceptan ni propina- se ofrecen, por amor a una ciudad que luego entendimos por qué amar, como guías por los entresijos físicos e históricos del lugar. 

Otra de las cosas que aprendimos de nuestro Greeter: desde el Aquarium obtenemos una de las mejores vistas.
Las opciones son infinitas, y la nuestra, aunque fue la más genérica y casi turística, se topó con Israel, el mejor Greeter que pudimos imaginar, que supo combinar los típicos sitios con otros reservados a la sabiduría autóctona. Y además, en perfecto español. Un lujo para nuestro primer día que nos ofreció un excelente resumen de lo que nos esperaría el resto de la estancia. Eso sí, asegúrate de reservar en su página web con tiempo suficiente para darles margen para buscar el guía más adecuado para ti y tus pretensiones. Es sencillo y tremendamente útil para ellos y, a la larga, para vosotros.
La judía, "the bean" o el frijolito, el monumento te encantará.

Muy cerca de Millenium Park tienes el pabellón auditorio.
En nuestra ruta con el Greeter y posteriores descubrimos, por ejemplo, la locura por el shopping en la Avenida Michigan, el parque Millenium y su famosa judía que refleja toda la ciudad con gran angular –una GoPro escultural, vaya-, la Chicago Architecture Foundation –no puedes perderte la maqueta de Chicago en su interior, visita gratuita- o el Chicago Cultural Center, con una cúpula reconocible por su aparición en varios filmes y un edificio de hermosa factura interior. 

Big Bus Chicago es la mejor opción para moverte entre los
monumentos de la ciudad.
Sólo mencionamos algunos puntos de interés de una urbe que ofrece decenas de rincones atractivos para el local y el turista, pero lo hacemos de corrido porque otros merecen un alto en la redacción y más de un minuto de nuestro tiempo. Y si no quieres perderte ninguno, te adelantamos, hay una opción a la que nos hemos aficionado en ciudades anteriores: los autobuses turísticos “Hop-On Hop-Off”.

El gran tour en autobús
Big Bus Tour http://eng.bigbustours.com/chicago/home.html podría ser una compañía más de las que ofrecen el tour por Chicago, pero para nosotros fue LA compañía. Porque por frecuencia, trato, detallada explicación –con posibilidad de escuchar pregrabación en castellano con cascos que te regalan-, comodidad y correcta distribución de las paradas entre los monumentos más importantes, amén de un chubasquero muy útil en caso de lluvia, nos encandiló su servicio. 
El Big Bus Tour también ofrece recorrido nocturno pero, en esta ocasión, no podrás apearte del autobús. Aún así,
merece la pena.

Todo ello con un horario que sigue siendo la asignatura pendiente en este tipo de servicios –aunque cierto es que ofrecen una opción nocturna, pero sin paradas y más bien a modo de “crucero por el asfalto chicaguense” y de noche- pero que se suple por amortizar sobradamente el dinero invertido –tienes descuentos y hasta café gratis sólo por mostrar tu ticket de Big Bus Tour en diferentes establecimientos de la ciudad-.
Al sur de Millenium Park otro espacio verde acoge la Buckingham Fountain, bonita de día y preciosa de noche.
No te pierdas su espectáculo musical y de luces.
Y ahora sí, toca detenerse en algunos de esos puntos donde nos llevará el autobús, como son el complejo museístico, las torres de observación de la ciudad, las principales plazas o espacios callejeros, el clásico muelle y, claro, el Citypass que te facilita el acceso a la mayor parte de los mencionados.

Una chequera para acceder a todos
Las vistas desde la torre 360ª son las mejores de toda la ciudad. CityPass te da acceso.
La típica foto 'sobre el vacío' es la
del Skydeck.
CityPass Chicago te permite ahorrar hasta 150$. Para qué andarnos con rodeos si en una frase y por 98$ podemos resolver el acceso a las principales atracciones de la ciudad y, además, sin esperas ni excesivas colas, lo cual se convierte en un aliciente en la mayoría de ellos. Véase el caso de la Skydeck, la torre con “terraza suspendida” en la que hasta para la foto jugando con el vacío habrá cola… así que imagina en sus accesos. Donde el “ciudadano normal” tuvo que esperar hasta hora y media, nosotros estábamos ya arriba en cuestión de 15 minutos gracias a la chequera. Sobre la torre, salvo la genial experiencia comentada, no logra vencer a la otra gran majestuosidad del ladrillo, la 360º Chicago que, además de permitir una vista que su mismo nombre indica, premia con un espectacular e imperdible atardecer.

El CityPass permite saltarse colas y evita esperas innecesarias.
En otro orden de cosas se encuentra el complejo museístico, que ciertamente no rivaliza –ni quiere- con el de Washington pero aún así merece la visita no sólo por estar incluida en el CityPass sino por el extraordinario itinerario y la conservación de muchas piezas originales el The Field Museum (algo así como el Museo Arqueológico, con los restos del T-Rex mejor conservado del mundo), el Aquarium (enorme, de sencilla e intuitiva visita) o el Planetarium (éste lo sacrificamos porque es opción en el CityPass, optando por el Art Institute of Chicago –pegado al Millenium Park- de hermosa factura en sus obras).
En The Field Museum encontrarás el T-Rex mejor conservado (sus restos, se entiende).

El Navy Pier es ese lugar de película en el que siempre quisiste estar.
El CityPass nos soluciona la vida y acceso a muchos e interesantes lugares de Chicago, pero otros simplemente basta con acercarse a ellos para disfrutarlos. Por ejemplo el Navy Pier, el clásico muelle de película que, si bien se aleja de aquel por eliminar los puestos de “gana un peluche a tu novia” o los que venden algodón de azúcar, si ofrece suficientes atractivos –el food court techado, el Bubba Gump, los cruceros para ver el amanecer o los fuegos artificiales nocturnos los miércoles y sábados de verano- para pasar una agradable jornada o media jornada en sus instalaciones. La noria, aunque algo elevada de precio (15 dólares) ofrece casi 10 minutos de panorámicas vistas del Lago Michigan y la silueta de la ciudad durante 10 minutos y a 45 metros de altura. Si subes al atardecer, nadie te quitará tu momento más bonito y romántico del viaje.
La Daley Plaza de Chiago acoge (al fondo y algo a la izquierda) la escultura de Picasso pero toda ella
presenta una simbólica reunión de elementos naturales y urbanos.

Volviendo a la tierra, aunque hay pocas, algunas plazas de Chicago se erigen como las más atractivas para el visitante, llevándose la palma la de la escultura de Picasso, con un excelente espacio para el descanso y relax rodeado de árboles, urbe, fuente y el toque abstracto de uno de nuestros artistas más internacionales.

Con semejante 'skyline', puedes imaginar que la ciudad
está plagada de azoteas para el copeo.
Un último guiño, claro, a los rascacielos: aquí se erigió el primero, Chicago está plagado de ellos y entre todos destaca la imponente Torre Trump que, al igual que muchos otros, posee una Rooftop abierta al viajero para deleite de vista y cámara de fotos. Prepara cartera aunque siempre podrás optar por otras azoteas más económicas e igualmente recomendables como la recién inaugurada London House (a pocos metros de la Torre Trump) , The J. Parker o Vertigo.

A todo lujo o al estilo ‘road trip’
Si no te entran ganas de volar sobre una de estas camas es que
no te gusta reposar como un rey.
Chicago es una ciudad algo cara en el apartado de alojamientos. Eso sí: a cambio del precio ofrece estrellas y calidad de las verdaderas, y jamás terminarás decepcionado ni lamentando ni un solo dólar de los invertidos en tu descanso. Nuestra opción fue Sofitel Chicago Water Tower, ubicado en la parte “acomodada” de la ciudad y cercano a la Magnificient Mile (recuerda, la zona “shopping” por excelencia), a 10 minutos andando de la playa urbana más cercana (¡OBLIGADA VISITA!)y, en definitiva, en uno de los centros neurálgicos de la ciudad.

Otra de las ventajas del Sofitel es que está cerca de la Torre 360ª y una de las playas urbanas.
Sobre el hotel, ya desde la recepción, amplia y acogedora al mismo tiempo, amén de un servicio dedicado y sonriente, uno hace valer su inversión. Pero es cuando cruzas el umbral de la puerta de tu habitación cuando te regodeas en tu elección que, si bien carece de piscina –único “pero” del hotel- lo suple con unas camas que son tan cómodas como parecen en la foto, más luminosas si cabe y con vistas a rascacielos para recordarte lo afortunado que eres no sólo por haber elegido Chicago sino Sofitel.
Un verdadero gustazo trabajar con estas vistas.

Las comodidades son absolutas, con espacio suficiente para trabajar –o pasar tus fotos al ordenador- con vistas siempre al Skyline chicaguense, máquina de té e infusiones, televisión por cable rica en canales y un servicio que visitará tu estancia dos veces al día para garantizar que todo esté siempre impecable. El baño, con ducha y bañera para satisfacer todos los gustos, no hace sino engrandecer la estupenda imagen transmitida por el resto de la habitación. 

Los desayunos del Sofitel son un referente. Y si no, deberían.
Ojo a los huevos benedictinos y la bollería recién hecha.
Para rematar una estancia inolvidable, el desayuno: aunque “obliguen” a abonar el día de tu salida las “propinas”, y pese a que si adquieres los packs económicos tu desayuno incluido no será tan generoso como el comprado “in situ”, déjanos decirte que en contra de lo que leas en Internet es más que suficiente. Bollería, zumo, fruta en la cantidad que tú quieras y luego a elegir un principal donde, optes por lo que optes, acertarás. Si añades un saludable día de verano y la terraza para arrancar la jornada, el desayuno se convertirá en uno de tus momentos inolvidables.

¿Quieres un típico motel estadounidense? Ohio House Motel
se erige en plena ciudad.
Otra opción que también probamos, alejada del lujo y las excelencias de Sofitel, fue Ohio House Motel. Algo así como el clásico motel de carretera y de película que, obviamente, nos llamó la atención por el hecho de poder vivir uno de esos suspenses que transcurren siempre en esta clase de alojamientos con aparcamiento justo a la puerta de las habitaciones. Así las cosas, Larry y sus empleados regentan un espacio que, pese a estar incrustado en plena ciudad, sorprende por rebajar el ruido al mínimo, garantizando –casi siempre- una óptima temperatura. La coletilla se debe a que se trata de un curioso sistema climatizado centralizado, de tal manera que lo que para uno puede ser el aire justo a otro le puede congelar. Por lo general, saben elegir bien el medio y, por ende, la virtud.
Las habitaciones son atípicas en este tipo de establecimientos. Espaciosas, luminosas y bien equipadas.

Con recepción 24 horas y máquina de hielo y de infusiones también disponible y gratuita siempre, el motel otorga al viajero la sensación constante de vivir su propia película sin renunciar a una comodidad atípica en este tipo de alojamientos: confortables camas, amplitud y luminosidad… una opción tan económica como recomendable y prácticamente en idéntica zona que el hotel anteriormente reseñado.

No olvides visitar el United Center para rendir pleitesía al más grande de todos los tiempos.
El fondo de la pizza lo marca el plato
La gastronomía chicaguense está cargadita de calorías pero… ¡es que sabe todo tan bien! No haremos un repaso tan detallado como en nuestra crónica de Nueva York pero sí, al menos, mencionaremos por encima algunos de los que allí también se encuentran: McDonald´s, sólo por visitar el único en todo Estados Unidos al estilo década de los 50 y gigantesco; el Dunkin Donuts, con sus donuts de menos de un dólar y su oferta de Café o Té gigante por 99 centavos (aunque ojo a sus Smoothies);  y el Subway, claro, amamos el Bocadillo de Albóndigas (Meatball Marinara).

Completa ya parece bestial, pero espérate a ver una porción desde otra
perspectiva...
Dicho lo cual profundicemos en establecimientos más específicos y característicos de Chicago: arrancamos con Al´s Beef, mítico italiano por su bocadillo de ternera con todo tipo de acompañamientos que nutre, sacia y es fácilmente digerible en cualquier momento, hora y lugar. Los Panda Express y otros recintos similares llenan los Food Court, ya sabes y para hacerte una idea, los “patios” rodeados de pequeños puestos de comida al estilo del centro comercial Xanadú. Siempre hay que probar uno y, además, siguen siendo una de las opciones más económicas.

Pero si lo que quieres es ser chicaguense de verdad, te damos tres opciones: la Deep Dish Pizza (algo así como el plato profundo de pizza) porque en Chicago la pizza que comen es tan alta como el plato, es decir, casi un dedo índice de altura para las porciones… así que por poco y poca cantidad comerás muchísimo. 
En la foto no hay juego alguno de perspectivas: así luce la Deep Dish Pizza Bolognesa.

Imperdible la tarta del Giordano´s: ésta cara se nos quedó.
Si quieres un consejo, más allá del Giordano´s del que todo el mundo habla, date un garbeo por el Pizza Due (o su hermano mayor, el Pizza One) y pídete la Deep Dish Bolognesa… a disfrutar. 

En la opción dulce, los Do-Rite Donuts copan los medios de comunicación especializados lo que explica sus 3$ de coste por donut… pero merecen la pena. Prueba los Vintage pero céntrate en los clásicos de chocolate, morirás de placer. Por último, un lugar de referencia es Portillo´s, con un perrito caliente casi tan famoso como su batido de tarta de chocolate. Nosotros la probamos, casera y esponjosa, aunque sin el batido, al estilo tradicional… y verdaderamente podemos decir que es la mejor tarta de chocolate que jamás hemos comido. La despedida más dulce de la Gran Chicago, una de las mejores ciudades en las que han podido poner un pie otiuMMadrid y otiuMModa.

Greyhound, la mejor opción
Tuvimos una mala, muy mala experiencia en el viaje de vuelta con Amtrak. Lo que debía ser una experiencia mejor que la ida en autobús se convirtió, sin embargo, en el elemento que más nos hizo echar de menos el placentero viaje de ida con Greyhound. Por ello y sin criticar en exceso a Amtrak –preferimos pensar que tuvimos mala suerte- hablaremos de la compañía de autobús que, por apenas 70 dólares, cubre las diez horas que separan Niágara de Chicago con un estupendo servicio, una pasmosa comodidad en sus asientos y conexiones suficientes –electricidad, Wi-Fi- para, si no eres capaz de dormir por el ronquido ajeno (la única pega de viajar en transporte público y colectivo) entretener hasta tu llegada al destino.

La mejor forma de hacerte con sus billetes es en su página web https://www.greyhound.com/ donde siempre accederás a las mejores ofertas, es bastante intuitivo el adquirirlos así como el obtener el billete final de embarque y siempre tendrás la última información sobre el estado de tu trayecto. Muy recomendable.


otiuMMaximus

- Los monumentos chicaguenses, con los rascacielos y torres a la cabeza, sin olvidar los museos.
- Millenium Park y las vistas desde la entrada del Planetario. “Skyline” gratis.
- La gastronomía, con las pizzas y los donuts a la cabeza.

otiuMMenester

- Sofitel Chicago http://www.sofitel.com/es/booking/hotels-list.shtml ofrece habitaciones desde 182 euros y Ohio House Motel http://www.ohiohousemotel.com/rooms.htm desde unos 110 euros.
- Greyhound www.greyhound.com ofrece trayectos desde Buffalo Station hasta Chicago por unos 140 dólares ida y vuelta, en ocasiones bastante más económico (nosotros encontramos esa oferta en verano). Son unas diez horas de viaje.

- El CityPass Chicago http://www.citypass.com/chicago cuesta 98$ mientras que los Greeter son gratuitos previa reserva en http://chicagogreeter.com/

Jesús Clemente Rubio