jueves, 2 de octubre de 2014

El Ministro: Políticos ladrones y ladrones corruptos

Sobera es actor, presentador, tiene un poco de showman pero lo que nunca creí que diría de él es que es todo un ministro. "El Ministro", para ser exactos. El hombre que mejor levanta la ceja también alza, soporta e impulsa una obra de guión discreto pero cuyo elenco se encarga de pulir y sacarle brillo hasta parir una historia de ladrones -de antifaz y de oficina-, niñas tontas o que se lo hacen y ministros tontos, que se lo hacen, ladrones y verdugos. España se sube a las tablas del Teatro Cofidis.


Carlos Sobera, Marta Torné, Javier Antón y Guillermo Ortega. Nombres propios de la televisión, protagonistas indiscutibles -y casi únicos- de la obra "El Ministro". Ellos son los que se encuentran con una obra de excelente argumento, tan bien hilado como para posibilitar que unos ladrones necesiten de un ministro y viceversa sin poder abandonar la estancia que comparten pero teniendo que hacerlo. Porque que justo el poseedor de la cartera de Economía esté flirteando con la profesora de francés de sus hijos (y en su propio piso) cuando llegan dos ladrones que vienen de atracar un banco, con un sinfín de circunstancias que no voy a repasar, es brillante. Que el primero sea más ladrón que los segundos y estos más políticos, extraordinario.


La ambientación y ejecución de la misma es brutal, con Sobera desbordando locución e interpretación dosificadas de manera soberbia y una inquebrantable conexión con el público. Torné se mueve entre las dos aguas, más bien charcos, que le deja su papel, pero lo hace con soltura, cómoda, convincente y sin vivir nunca a la sombra de su compañero. Antón y Ortega, por su parte, binomio perfecto para un robo chapucero.


Incluso el mensaje es genial, colgando el cartel de "culpable" de nuestra situación económica en todos y cada uno de los estereotipados personajes, al igual que el de ladrones. Justicia poética la de este universo al que has de darle lo que no tienes para recibir lo que necesitas. Brutal. La minúscula tara es un guión que da la impresión de no poner a prueba todo el talento que semejantes actores tienen, de no proporcionarles un recorrido a su medida y, por ello, se resiente en determinados momentos el desarrollo de la obra. Como digo, un minúsculo pero, pues resentir nunca es aburrir, ni frenar en seco ni romper la obra, simplemente parece que con unos cuantos retoques pasaríamos del notable alto al sobresaliente. Ojo, merecido aplauso para la manera de resolver la trama, y si de algo es culpable el guionista Antonio Prieto más que de "infraexplotar" lo que tiene ante sí es de rematar una faena por una vía difícilmente imaginable de primeras pero fácilmente asimilable e integrada en el conjunto, dejando ese inolvidable regustín que sólo el teatro es capaz de dejar.

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- El elenco hace al guión, y no al revés. Brillantes.
- Por contra, colgar el cartel de "ladrones e interesados" también al ciudadano y el final son excelentes.
- Gran argumento.

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-¿Dónde? Teatro Cofidis. Calle Alcalá, 20. 91 532 06 16. www.gruposmedia.com
-¿Cuándo? Hasta el 11 de enero de 2015. X y J 20:30 horas. V 20:00. S 19:00 y 21:30 y D a las 19:00 horas.
-¿Cómo? Tienes aparcamientos de pago cercanos como el del Metro Sevilla. En Metro, por tanto, L2.
-¿Cuánto? Desde 16 euros.

Jesús Clemente Rubio