viernes, 11 de julio de 2014

Californication: Hank Moody escribe su última línea

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El Ala Oeste, Los Soprano y Perdidos... Tres series que cuando se fueron dejaron un hueco en la parrilla y un vacío en 45 minutos semanales de millones de personas. Con permiso de la maravilla de JJ. Abrahams diré que ninguna supuso perder algo que ya forma parte de mí como es y será Californication. Cierto es que "Como Conocí a Vuestra Madre" jugó con y sacudió mi veintena pero Hank Moody ha marcado el presente y el devenir, lo transcurrido hasta ahora y lo que me queda por disfrutar. Hasta su último capítulo la he respirado, siendo su primero, si me permitís la licencia, la mamada que cambió mi vida

La mejor escena vista jamás en un piloto.
Navegaba yo por foros cuando topé con las primeras líneas de su capítulo piloto: una iglesia, un atractivo maduro no en busca de pero sin duda necesitado de un Cristo redentor y una monja que, en lugar de tres Ave María y un Padre Nuestro, lo que le propone es practicarle una buena felación. En esas despierta nuestro hombre, irremediablemente obligado a llevar ese estilo de vida mezcla de un salvaje y desfasado cuarentón y un travieso niño. Ambas personalidades tienen la misma y eterna sombra del amor que una vez fue suyo y perdió por no saber -que si querer- cuidarlo y un hilo de esperanza al que aferrarse para no caer al merecido abismo, su hija Becca.

Su incombustible Porsche y unas bonitas piernas:
compañeros inseparables de Duchovny.
Si bien el papelde la hija es menester para entender la naturaleza del padre, el por qué siendo tan capullo y gilipollas acaba siendo irresistible ( o lo que es lo mismo, como un desastre de tamaño calibre puede engendrar algo tan maravilloso como una hija inteligente y estupenda) mi favorita es y siempre será Karen. Y mira que pasan mujeres por la vida y cama del protagonista interpretado por David Duchovny. 



Llegamos pues al punto en el que hago míos serie y personaje; Karen es el ideal del amor extraordinariamente bueno jugando al escondite, pues durante años jamás lo encontré; ese que nace de una complicidad y entendimiento que convierte incluso los defectos más inaceptables para la otra pareja en pequeños y atractivos destellos de personalidad. El que hace que un hombre esté dispuesto a renunciar a todo por una mujer, consciente y convencido de que la mujer, desde que entró en su vida, lo es todo. Condenado a tenerla y perderla constantemente pues lo que se le da bien es conquistarla, no conservarla, renaciendo con cada mirada, minuto o día que le dedica, vagando y arrastrándose por las horas en que pasa sin ella.


Hank siempre tuvo la respuesta delante de sus narices... pero a veces hay sombras que
todo lo oscurecen. O dejamos que sea así.
El amor que Karen profesa a Hank no es del cuento de hadas en el que si nos asomásemos al post "fueron felices y comieron perdices" veríamos más y más contratos de divorcio; tampoco nace de nada corrupto e historias raras pues, si bien ambos tienen "algo" cuando se conocen, la noticia del embarazo no los empuja a tomar una mala decisión en base a un tercer elemento en sus vidas -en este caso la niña- sino que les quita la venda que no dejaba ver más allá de la intensa pero corta relación que la veintena aconseja.



Hank se pierde tantas veces como hace daño a Karen;
ésa es su verdadera condena.
Es la relación de Karen y Hank, pues, una relación de impulsos, de momentos, como es y debería ser siempre el amor; visceral, pasional, enérgico y dinámico. Sin embargo, bien es sabido que la mujer huye -y hace bien- de la montaña rusa emocional, esa que tan pronto te da como te quita todo y en el camino va deteriorando tu confianza en tu pareja y haciendo mella en ti, dejándote una cicatriz de por vida de cara a emprender futuras relaciones. Ambos necesitan en realidad estabilidad: Karen por parte de Hank, Hank en sí mismo pues es con mucho el personaje más inestable de cuantos he visto en la pequeña pantalla. 

Charlie es el Sancho Panza de Moody; igual que aquellos,
éste se contagiará del estilo de vida de su amigo.
La serie ha terminado como empezó, sin meterme a destripar nada, y por eso es un final que aunque no me ha entusiasmado ha satisfecho mi necesidad de que el guión siga siendo tan real y didáctico sobre cómo funciona el juego del amor y el desamor. Hank da con la tecla y comienza a dibujar las respuestas a partir de su mejor obra: Becca. De ella parte la iluminación a su oscuro mundo; el freno al desenfreno; el,  como siempre he pensado que es la vida plena, acertar al menos el doble de veces que la cagues.

Siempre saldrá gente perjudicada, renunciarás a cosas e incluso te costará reconocerte; pero cuando te regodees en lo bueno y lo correcto verás comprobarás con asombro como la vida no está hecha para sufrirla sino para disfrutarla y si desde luego eres o te consideras un desgraciado probablemente estarás lamentándote por algo que alguna vez tuviste. Nunca es tarde, ve por ello... y en el camino, permítete la licencia de cagarla, acostarte con media California y ser odiado por cuantos te rodeen; al final sólo te importará que te ame una. 


Lo que echarás de menos en la reflexión pero merece la pena ser mencionado:

- Me quedo sin dedos para enumerar los grandes momentos de la serie pero, incluso por encima de la última carta, aúpo a lo más alto del podio a aquella epístola que Hank le dedica a Karen antes de empezar su relación en serio.

- David Duchovny y Natascha McElhone, Moody y Karen, conforman la mejor pareja que he visto en la ficción.

- Los personajes secundarios y compañeros de aventuras de Hank. TODOS son geniales, actores, heavys, raperos o agentes.

- Charlie Runkle y Marcy protagonizan la otra gran historia de "amor".
Jesús Clemente Rubio