lunes, 19 de agosto de 2013

París: Un día que justifica toda una vida


La ciudad de los puentes, del Sena, de las grandes distancias y pequeños detalles. La ciudad de la luz, de la baguette, de los precios desorbitados y las visitas que siempre se nos queda corta. Orgullo patrio, París exhibe el cartel de ciudad del amor a golpe de majestuosas vistas y construcciones, simbólicos rincones e impactantes monumentos. Todos brillan, uno deslumbra y Eiffel lo firmó. Este verano otiuMMadrid ha estado en la capital francesa, tan sólo por unas horas, el resto nos las robó Disneyland, pero suficientes para convencerse de lo bello que es vivir...y viajar.

Tres aeropuertos. Un dato que por sí solo adelanta la inmensidad de nuestro destino. Charles de Gaulle, Orly y a años luz en cuanto a comodidad, cercanía y conexiones, Beauvais. Elijas cual elijas, los 10 euros de transporte al centro de la ciudad no te los quitará nadie. Claro que cuando la torre Eiffel comienza a asomar el hocico se te olvidan los 40 ó 60 minutos de traslado desde el aeropuerto. Sin embargo, de día habla la forma, de noche el contenido, así que esperaremos a que se esconda el sol para visitar el monumento estrella.


Notre-Damme se ubica está rodeada por agua.
Aprovéchalo para tu mejor foto.
Gárgolas y campanas
Antes nos vestimos de Quasimodo y nos preguntamos el por qué de la fama de su hogar, Notre-Damme, además del jorobado personaje y el repique de campanas poco sabemos. Allí lo encontramos en dos colas que indican que algo imperdible se encuentra en su interior: la de la fachada principal para acceder al interior de la catedral y admirar sus rosetones de 15cm. de diámetro –el color y la iluminación que arrojan sobre el interior es hipnótico-; la que encontramos doblando su esquina izquierda, para subir a lo más alto. 
En este punto esperan las famosas gárgolas, que no son sino canalones disimulados con una ornamentación terrible por su aspecto, exquisita por su detalle. Será la primera vez de muchas que tu bolsillo pico y te lo tengas que rascar: 8 euros y medio. De igual forma asistes al primer contacto con otras dos máximas parisinas: las esperas –te aconsejamos que te presentes en la cola del ascenso a eso de las 9:45, pues a las 10:00 abre sus puertas y, probablemente, a esa hora la espera ya ronde los 40 minutos- y los peldaños, centenares entre Notre-Damme, el Arco del Triunfo, Sacre-Coeur, etc.

Por algo se llama rosetón.
No os marchéis sin antes ir al puente ubicado enfrente de la fachada principal de la iglesia, sin lugar a dudas la mejor fotografía de “Nuestra Señora de París”. Ahora sí, cambiamos de escenario y tenemos el único contacto político con París: Hotel de Ville, actual sede del ayuntamiento. Con el traslado de nuestro ayuntamiento al Palacio de Telecomunicaciones ya no sorprenden tanto sus dimensiones pero, por lo que pudimos ver, los políticos también viven bien en Francia –menudo despacho-. La plaza, potencial atractivo turístico por dimensiones con el edificio presidiéndola, desluce gracias a las continuas exposiciones y eventos que alberga y que dejan un reguero de vigas, tarimas y metales.

Siguiendo al norte del plano nos topamos con la Torre de St.Louis, entrada a la homónima isla tan respetada por los parisinos que hace décadas que no se construye en ella, y con la Galería Pompidou, santo y seña del arte moderno y transgresor de Francia. Lo que parece un amasijo de tuberías y cuadrículas metálicas engaña en su fachada, pues su interior es mucho más minimalista. La visita en cualquier caso no debería llevarnos mucho tiempo, y aconsejamos rematarla con un paseo por su orilla derecha que acoge una fuente con curiosas figuras y una fachada y suelo que, eventualmente, acogen diferentes manifestaciones artísticas.

Fachada del Louvre. Adquiere la entrada por Internet y te ahorrarás las colas.
16 kilómetros de arte
'La Venus de Milo'. Genial.
A estas alturas llevaremos unas tres horas de pie, por lo que no dudéis en abusar de los sofás repartidos por los 16 kilómetros de galerías -60.500 metros cuadrados, más de 200.000 el edificio entero- del que, quizá, es el museo más famoso del mundo (con permiso de nuestro amado Prado), el Louvre. Más datos: 8 millones y medio de visitas al año, 35.000 obras en exposición (445.000 en total), 15 euros la entrada combinada y dos obras que bien valen su visita: la Gioconda  de Leonardo Da Vinci y la Venus de Milo. Sin olvidar “Las bodas de Caná”, “La libertad guiando al pueblo”, y un larguísimo etcétera. Por eso, si tienes más días y te fascina el arte, dedica una jornada completa al Louvre, salvo la noche que puedes destinarla a reflexionar sobre lo visto con un paseo a orillas del Sena.
'Amor y Psyque' es otra de las obras maestras del museo.

Sólo un necio podría obviar el Louvre en su visita a París. Incluso si tu único contacto con el arte ha sido por la vía más comercial y consumista, el legado de “El Código da Vinci”, te interesará investigar las pirámides de cristal de la fachada y el interior o bien la excursión que existe con el único propósito de ahondar en los secretos, reales o ficticios, revelados por Dan Brown a través del personaje Robert Langdon.

Tras la hora –como mínimo- destinada al museo salimos por donde entramos y ante nosotros, como el mar ante Moisés, se abren las Tullerías, los segundos jardines más bonitos de París que premian al viajero con diversos atractivos a medida que los recorre. Museo Orsay a la izquierda, Plaza de la Concordia a medio camino y, en su último coletazo, Campos Elíseos. Una bestia de asfalto cuya organización y distribución, sin embargo, encierra en sí misma otro monumento. Lo único que invita a avanzar y frena al turista en su afán de coger el metro es la meta en forma de arco…en forma de triunfo.

Las mejores vistas de París
El Arco del Triunfo, conmemoración de victorias napoleónicas, se erige en el horizonte y dibuja una excelente construcción cuyo punto más alto, junto a la Torre Montparnasse y sus 210 metros, nos deja las mejores vistas de París, al contrario de la Torre Eiffel, como muchos piensan. La explicación es sencilla: desde los dos primeros, la vista de París cuenta también con la famosa obra de Gustave Eiffel…algo que, por pura física, no puede ocurrir desde la propia torre.
Cargado de majestuosidad y simbolismo, el Arco del Triunfo ofrece además
en su azotea las mejores vistas de París.

La Torre Montparnasse no se queda atrás en lo que a
panorámicas se refiere.
Así pues, los 9 euros y medio y los cientos de escalones que nos separan de la azotea del Arco bien se revalorizan al llegar a lo más alto y, plano con la historia del monumento en mano, admirar en todo su esplendor la ciudad de la luz. Igual ocurrirá, pese a la mampara de cristal que protege del viento debido a tanta altura, en la Torre Montparnasse pero, creednos, os enamoraréis de las vistas desde el Arco del Triunfo. No os marchéis sin deteneros a observar, por unos instantes, la tumba del soldado desconocido y explorar su significado, icono de los caídos en las peores guerras.


A 210 metros del cielo.
Decíamos que la otra gran vista de París es la planta 56 de la Torre Montparnasse, a cuyos pies y unos 40 metros se encuentran los Jardines de Luxemburgo que dotan de inigualable belleza al palacio de idéntico nombre. La sinuosa curvatura de los matorrales y la circunferencia que trazan en torno a la gigantesca fuente con el palacio al fondo bien podrían ser la versión reducida del complejo de Versalles, tantas veces visto en “El hombre de la máscara de hierro” y que, si dispones de más días, ha de ser menester de tu visita.

El París alternativo
Desde el Sagrado Corazón obtendrás esta imagen.
Y si en Madrid tenemos Lavapiés o La Latina y en Roma el Trastévere, los parisinos gozan y presumen del barrio de Montmaitre y colindantes (como Pigalle, o el barrio rojo de París). En lenguaje turístico, la parada de metro “Blanche”, a cuya salida nos saluda guiñándonos un ojo el famoso Moulin Rouge
A estas alturas el sol estará cayendo y quizá sus luces y fachada ya adelanten el espectáculo que, por unos 105 euros por persona, se puede disfrutar en su interior. Imperdible para todos, imposible para muchos, ineludible para los que se lo puedan permitir. De allí se puede ascender por vía funicular al Sagrado Corazón de París, el Sacre Coeur, pero nosotros optamos por valernos de nuestras castigadas piernas ya que, oímos primero y comprobamos después, el recorrido atraviesa el barrio de Montmaitre.

  Place du Tertre es el núcleo de un barrio que invita a pasear por sus calles, a detenerse en sus originales tiendas, a descubrir, conocer y observar. Aquí dejarás de turistear en pro de vivir París, y el obsequio por tamaña evolución del viajero es el monumento más visitado –sí, has leído bien-: la Basílica del Sagrado Corazón. Le des la cara o la espalda, el espectáculo será igual de impactante: el edificio colosal más por anchura que por largura o bien la ciudad de París, extendiéndose a lo largo de decenas de kilómetros interrumpidos por un cielo teñido de amarillo y naranja por el atardecer. Ni rastro del astro rey, eso es verdad, pero de igual forma este es un excelente sitio para contemplar el cielo cuando el Sol se despide.

Con razón es el monumento más visitado de París, superando incluso a la Torre Eiffel.

Queda la noche, pues estamos en verano y Europa se contagia de nuestro espíritu en esta estación. Así que vuelta al hotel, cena rápida y cambio de ropa. Ponte guapo, estás a punto de conocer a la señora Eiffel –casada con los franceses, amante del mundo- y, aunque no lo creas, a la mejor versión de la ciudad de París.
El Trocadero es una de las mejores zonas para fotografiar la Torre Eiffel.
París por tierra, mar y aire
Por 13 euros, crucero de una hora con audioguía.
Para nosotros, la mejor compañía.
Cuando te bajas en la parada de metro de Trocadero y doblas el primer puesto de crepes que te encuentras, allí está, esperándote, iluminada como la muchacha enamorada y recién maquillada, con sus mejores galas. Justificando el cartel de ciudad de la luz, con un faro que ilumina al mundo; el de ciudad del amor, con una estampa que bien vale un beso; el del monumento más fotografiado del mundo, con una lluvia de flashes que, cada hora, devuelve a los visitantes toda la luz que sobre ella arrojaron con sus cámaras. Desde aquí obtendrás la mejor foto panorámica de la Torre Eiffel con Trocadero a sus pies…¡qué digo! con el mundo a sus pies. Pese a lo mucho que impone, te atreves con ella, y comienzas a acercarte. 

Y justo cuando tu obnubilación te impide ver más allá de su hermosura, según cruzas el Sena, detente. Mira a la izquierda, más allá del cartel que reza “Bateaux Parisiens”; hay cruceros. Muchos y variados, pero no dudes en optar por el que publicitaba el anterior cartel, y que durante una hora y por 13 euros te premia con el mejor y más romántico paseo que puedas dar no a orillas, sino sobre el mismo río. 

Recorrer el Sena en barco es un colofón perfecto.
Y con guía en varios idiomas, para redescubrir en un último vistazo lo visitado durante toda la jornada, esta vez sin las taras y peros del turista. Si el día en París bien vale toda una vida, estos 60 minutos desde luego que justifican
tu viaje a la capital francesa. Vayas con quien vayas, seas quien seas, vengas de donde vengas.

Hasta las 00:45 tendrás para subir a la Torre Eiffel, sus más de 300 peldaños o bien mediante los ascensores de pago –a lo que tendrás que añadir los 4 euros de la entrada-. En cualquier caso no dudes en hacerlo; un colofón de altura admirar desde los ojos de la que es por todo el mundo admirada. Despedirte de París desde arriba, y en una nube volverás a casa pensando en que, pase lo que pase en tu vuelta a la realidad, siempre te quedará París. Humphrey Bogart dixit. Y Bogart nunca se equivoca.

otiuMMaximus
Atardecer en el Sagrado Corazón.
- Louvre, nos quedamos con el Prado pero al César lo que es del César.
- Noche en el Sena y la Torre Eiffel. Enamórate.

otiuMMenester

- Para desplazarte por París, existen tacos de 10 billetes válidos en metro, RER y autobús por 7,30 euros. Es la opción más recomendable y económica. Para llegar a París desde el aeropuerto prepara la cartera, especialmente desde Beauvais (16 euros, 32 i/v)
- Existen multitud de descuentos para jóvenes de entre 18 y 25 años, gratuidad para menores de 18 años, etcétera. Presta atención en cada monumento.
- En verano, el último crucero parte a las 23 horas y la Torre Eiffel cierra a las 00:45.


Jesús Clemente Rubio