miércoles, 17 de abril de 2013

Musical "El Rey León": De reyes sin corona y animales que son personas

Hubo un tiempo en que los reyes, o los que mandaban, vivían por y para sus súbditos, “no podían hacer lo que les diera la gana”. Por supuesto, no hablamos de nuestra especie, sino de la animal, a veces con más raciocinio que el ser humano. De hecho, la anterior cita corresponde a uno que todos pudimos ver hace más de una década en cines, Mufasa, padre de Simba. “El Rey Leon” fue todo un éxito de crítica y taquilla que deslumbró por su genial reparto de personajes, todos cuidados hasta el más mínimo detalle y su guión dirigido y válido para todos los públicos, como el de los buenos dibujos. Toca revivir el clásico revisado y adaptado a teatro, maravillarse con una puesta en escena majestuosa, propia de la Corona, un reparto sin igual y un sonido…¡qué sonido!

Vestuario, figuras y decorados
recrean la sabana a la perfección.

Grrrruuuaaauuu…. Era fácil olvidar a los cinco minutos de metraje que Mufasa era un león, salvo por su desgarrador rugido, debido a la genial personalización que Disney suele acometer con sus personajes. En esta ocasión asistimos justo al caso contrario: los actores han de ser – y son- lo más fieles posibles a los movimientos (te encantará el gesto que emplean para saludarse), brincos e incluso flirteos que componen el abanico gestual de tan fiero animal. Y al igual que ocurriese con la película, si eres capaz de abstraerte pronto verás a Mufasa y Simba en lugar de dos piernas portando una careta. Otros te lo pondrán aún más fácil (Timón –en las zonas verdes- y Pumba – casi siempre- están perfectamente caracterizados) o, directamente, será más complicado ver al hombre que al animal, como en el caso de las hienas.

Simba, ya sea en niño o en adulto,
lo borda.
La música en directo no desmerece a la hornada de vestimentas, disfraces y demás ropajes para refinar cada detalle del espectáculo: los percusionistas, situados a ambos lados del escenario, saben introducir con maestría efectos que realzan la trama y la música, genial como la original, no repite sin embargo fórmula de ésta adaptándola al teatro, cambiando las letras -¡qué extraño se hace que nos cambien el “Hakuna Matata” o el “Voy a ser rey león”!- y ampliando las canciones para acoger mayores florituras y otorgar mayor libertad de expresión a los actores. El resultado es fabuloso…insisto, si eres capaz de abstraerte un solo momento, te verás en la sabana africana rodeado de animales y viviendo casi en primera persona la historia.

Uno se olvida rápido de que detrás de
las máscaras hay humanos.
Historia por todos conocida: Mufasa es traicionado por su hermano Scar quien, con malas artes y peor lengua, convence a Simba de que él es el culpable de la muerte de su padre y le “invita” al exilio, de manera que pueda ocupar el trono por ser el segundo en la línea de sucesión. A partir de ahí, todo son aventuras que tanto el Simba infante como adulto bordan, acompañados de todos los personajes, a cual mejor interpretado aunque, como no, nos quedamos con Timón y con la hiena alocada. El primero porque supera incluso al personaje –ojo al guiño a España, quizá una licencia algo exagerada pero desde luego te encantará- y el segundo porque, de nuevo, es más hiena que persona. Como muchos de los que se encuentra uno diariamente, ahora que lo pienso.
Sin olvidar, aunque quería dejarlo para el final, a Rafiki, el brujo, papel desempeñado por un portento de mujer en despliegue de voz y desparpajo que actúa casi como maestro de ceremonias y que, al igual que el resto del elenco, de origen africano y marcado acento para rematar el producto africano ante el que nos encontramos.

Rafiki es, para nosotros, la actriz con más talento del estupendo reparto.
Sobre la sala, incluso desde la última fila y última butaca –la más barata- se ve aceptable, si bien en este caso extremo te verás sentado en ocasiones en el canto de la butaca para ganar altura y poder seguir a la perfección la trama. Eso visualmente porque en el apartado sonoro no tendrás problemas con las voces, sonidos ni música. Créeme, te gustará abandonar durante tres horas el mundo humano y sumergirte de lleno en la África más animal que, desgraciadamente, es mucho más humana que lo que te encuentras una vez abandonas la sala. Sin ponernos melodramáticos pero pregunto ¿cuándo es la última vez que un mandatario renunció al poder por sentirse responsable de una tragedia? En 1994 ya lo denunciaste Mufasa y, casi 20 años después, seguimos igual… ¡Mejor respirar hondo y Hakuna Matata!

otiuMMaximus

-         - El incidente de la estampida. No dejamos de emocionarnos.
-         - El elenco de actores, genial.
-         - La puesta en escena. Pura sabana africana.

otiuMMenester

-¿Dónde? Teatro Lope de Vega. Calle Gran Vía, 57. Madrid.
-¿Cuándo? M, X y J 20:30 horas. V-S a las 18 y 22 horas. D a las 19 horas.
-¿Cómo? En Metro L 10 (Plaza de España) y L5 (Callao)
-¿Cuánto? Entradas desde 19,90 euros en 2º anfiteatro, última fila. De ahí ascienden hasta los 79,90 euros. Compra en taquilla o en www.elreyleon.es

Jesús Clemente Rubio