martes, 26 de febrero de 2013

El Jardín Secreto: Comer en un cuento de hadas


Dicen los feos que lo importante está en el interior. Los guapos también, aunque luego corren a peinarse y dejan para más tarde purgar los pecados. El caso es que nosotros, que somos del montón, decidimos comprobarlo de primera mano. Recorrimos una de sus fachadas de Conde Duque hasta topar, en la esquina, con un local más que discreto en cuanto a grafismo o letreros, pero con ventanales a través de los cuales veíamos parejas. "Liviano por fuera, quizá lo importante esté dentro", pensamos. Y es entonces cuando el "Jardín Secreto" confirmó que, el secreto de la belleza, es que ésta no se percibe a simple vista... 


Decoración de cuento.

Pese a su nombre, no es ni lo uno ni lo otro, pero las expectativas que encierra se ven superadas una vez atravesamos su humilde umbral. Salvo la barra inicial, en la que esperar a que nos adjudiquen si no hemos reservado -más te vale llamar con antelación porque este local es un secreto a voces-, esta coctelería-restaurante presenta un espacio dividido por una pared semiabierta si bien los dos ambientes repiten fórmula: objetos sacados de cuentos de hadas combinados con letreros que proclaman la paz y el amor y diseños alternativos en cortinas, cuadros y pinturas. Incluso las mesas y sillas no siguen un patrón uniforme ni en aspecto ni en distribución: tan pronto estarás en un sofá que rodea una mesa redonda ante la presencia de una casita de madera, como en uno de los tres recodos segmentados por cortina a la izquierda y ventanal a la derecha; hasta un columpio de los de porche norteamericano.

Conquista tus ojos, no tu paladar
Sea como fuere, cada rincón de este "jardín" rebosa variedad en clientela y carta. Ésta, que comienza casi como una fábula tanto en continente como en contenido, presenta entrantes -desde 6 euros-, platos principales -desde 8- y postres -desde 6- en los que, si eres de un paladar algo más refinado que el devorador de gusanitos y Fast Food, te perderás entre tanto placer... y eso que aún la estás leyendo. Pero cuidado, en algunos casos, parece más de lo que es.
Cada rincón de este jardín se mima al detalle.
Porque todo lo que llena e inunda tus ojos al entrar así como al echar un vistazo a la carta, deja algo vacío tu estómago o, siendo más justos, tu paladar. Las raciones son abundantes ya desde los entrantes. Los mejillones al vapor que pedimos cumplieron pese a no ser frescos -o al menos no parecerlo-, y combinados con su salsa caían como pipas. Sin embargo, por sí solos, ambos flaqueaban. El mejillón aprobaba sin dejar huella. Lo cual es compatible con su adecuada misión de abrir boca.

La hamburguesa sorprende. Los
canelones no. Ambos te gustarán.
Con los segundos optamos por dos experimentos. Por un lado, exquisiteces como el confit de pato y el foie rellenando los clásicos canelones; por el otro, una simple hamburguesa presentada en una torre cuyos pisos intermedios eran rodajas de tomate y en cuyo patio exterior esperaba una apetitosa salsa barbacoa. El resultado fue que el noble vestido de plebeyo pasó más desapercibido que el pueblerino convertido a aristócrata. O lo que es lo mismo: los canelones, aunque ricos y abundantes, ocultaban en demasía el sabor del foie y el resultado no sorprendía y, sin embargo, la carne de la hamburguesa estaba tan sabrosa que bien podías prescindir de sus correctas rodajas de tomate natural o de la deliciosa barbacoa.

Sus paredes no engañan:
es tan romántico como tranquilo.
El placer de conversar
A estas alturas te habrás percatado de lo que nosotros hicimos durante la velada: tal es el entorno y tan palpable la invitación a charlar y recrearte cómodamente en la compañía y el sitio que la comida pasa a un segundo plano y actúa como mero actor secundario. Desde luego que en ese papel sí que es merecedor de un Oscar, aunque si acudes única y exclusivamente en busca de una experiencia gastronómica este lugar no estaría nominado. Siempre te quedarán, eso sí, los cócteles desde 6 euros, muy bien preparados,  o la amplia oferta de tés e infusiones.

Por tanto, y salvo el caso anterior, el "Jardín Secreto" supone un recomendable recorrido por la belleza interior. Un paraíso en el que no hay manzanas prohibidas -tampoco excelentes-, pero sí bellos rincones, de acertada ornamentación, tenue iluminación y perfecta situación para el diálogo de palabras... o mejor aún, el intercambio de miradas. Así el misterio seguirá a salvo. 


otiuMMaximus

- Pincha un pedazo de hamburguesa, un poco de tomate y báñalo ligeramente en salsa barbacoa. Disfruta.
- El murmullo que acompaña a tu conversación. No hay una palabra más alta que otra. Relájate.
- Un cuento de hadas. No obstante, recuerdo al "Bosc de les Fades" barcelonés, del que hablaremos. 

otiuMMenester

- ¿Dónde? Calle Conde Duque, 2. 28015 Madrid. 91 541 80 23. Recomendado reservar.
- ¿Cuándo? J a D de 17:30 a 0:30, V y S de 18:30 a 2:30. Lunes cerrado.
- ¿Cómo? En Metro, Plaza de España (L2-L3-L10) o Ventura Rodríguez (L3) y luego caminar 5 minutos. En coche, prueba en la misma Conde Duque, hay hueco en la zona de carga y descarga que deja de serlo a partir de las 7 y media.
- ¿Cuánto? Un entrante, dos platos, dos copas de vino blanco y un refresco = 42 euros.



Jesús Clemente Rubio